La petite fille de la mer

viernes, 22 de agosto de 2014


Cuando escucho esta canción de Vangelis, pienso en falafel.
No, no es una asociación burda ni carente de profunda emoción y sentimiento.

Avión. Mi primer viaje en avión. Bueno, más bien el segundo; el primero, había sido horas antes, catorce horas de vuelo para cruzar el atlántico. Para el que alguna vez hizo un viaje en avión de este tipo, sabe de qué hablo: en sí mismo, ya es una experiencia mística. Ver el mundo desde arriba de las nubes, ver cómo se abren y muestran un continente desde arriba, la sensación de que uno está inmóvil, y es el mundo el que se mueve...
Para el segundo viaje, ya necesitaba dormir un poco. Me tocó un asiento en la fila de a tres, justo en medio de una pareja mayor. Me ofrecieron el asiento de la ventana, para viajar juntos. Obviamente, acepté. Después de unas horas, el cansancio y el baileys que venía tomando me vencieron, y puse en el ipod mi playlist para dormir. (este es un buen momento para darle play al video, si aún no lo hicieron).
Me despierto. Suena Vangelis. En la bruma del sueño, miro por la ventana. Es de noche. Primero, veo sólo oscuridad. Luego, hacia adelante, aparece una línea de lucesitas amarillas, que recortan la línea costera del mar y de la noche. Entiendo que estoy viendo, por primera vez en mi vida, Eretz Israel.
Es la tierra de mis antepasados, de la historia de mi pueblo. Es la tierra de Moisés, de Sarah, Raquel, Lea. Es la tierra de los sobrevivientes de la Shoá (el holocausto). Es la cuna de la humanidad. Miles de almas vivieron y murieron allí, para que, siglos después, yo viviera y pudiera pisarla.
La viejita de al lado me alcanza amablemente un pañuelo. En un inglés rudimentario, me pregunta "la primera vez, no?". "Sí", le respondo, de pronto consciente de que estoy llorando. "A todos nos pasa las primeras veces". Me doy cuenta de que, seguramente, ya ha tomado este vuelo una docena de veces. Sin embargo, sus ojos también están vidriosos. Termina la canción. Aterriza el avión.


Falafel Estilo Israelí
En Israel, el falafel se vende en la calle, como quien vende panchos o choripanes. En todo centro urbano o comercial que se precie, hay al menos un puesto de falafel. También venden shwarma de pavo, pero cuando uno anda de viaje y ahorrando cada shekel, esta es la opción ideal. Rico, nutritivo, portátil, versátil, y apto para los amigos veganos.

Ingredientes

- 1/2 kg de garbanzos secos, remojados desde la noche anterior
- 2 dientes de ajo
- Una cebolla mediana
- Pan rallado, una taza
- 1 sobre de levadura en polvo
- Pimienta negra
- Comino
- Perejil
- Sal

Escurrir los garbanzos, y procesar hasta romperlos un poco. Añadir los dientes de ajo, la cebolla ya picada, el perejil, la levadura y los condimentos a gusto. Procesar, y de ser necesario, agregar un poco de agua para lograr una crema espesa.
Se deja reposar al menos 1h en la heladera para que tome cuerpo.
Armar bolitas del tamaño de una cucharada colmada, como quien arma albóndigas, y pasarlas por el pan rallado.
Freír sumergiéndolas en el aceite a fuego fuerte. Una vez doradas están listas.


En Israel, se sirven en un pan pita (acá le decimos pan árabe) abierto por la mitad, donde se coloca primero hummus (pasta de garbanzos) o tahini (pasta de sésamo), lechuga o rúcula, cebolla y tomates picados, queso en hebras... en fin, lo que se les ocurra.

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