El ritual del mate y la trenza herética

martes, 16 de diciembre de 2014

Servir mate, es cebar.
Cebar mate es todo un rito, y para cada pueblo de nuestro país (y alrededores), hay un método distinto.
Del té nos encanta hablar (y tomar), pero para el rito de servirnos té, no tenemos una palabra. Me dirán que porque el mate es comunitario, y el té no. Ahá. Y quién no se ha sentado solo, alguna noche, a leerse un módulo de la facu y bajarse un termo entero de mate? Quién me puede discutir que el té, en su origen, no es parte de un hábito comunitario, de servir para otros?
Cuando estoy sola, he de admitir, recurro con mayor frecuencia al saquito de té, que tiene el buen gusto de permitirnos preparar una taza de lo que nos venga en gana. Pero cuando estoy con amigos, pelo las teteras más lindas, abro mi alacena y armo un blend para cada reunión.
Tengo una amiga que, si bien disfruta de mis tés, me hace tomar mate como nadie.
"Gorda, poné la pava, que voy para allá y te tengo que contar un culebrón de laaaaargo...." o "preparate, que este finde voy para allá y te voy a enfermar de mate" es de las mejores amenzas que puedo escuchar.


La verdad, se cuenta con un mate de testigo.

Otra excepción a mi regla del té, es uno de los personajes que más agradezco que se haya cruzado por mi vida. Como mi amiga de los mates, es de esas personas que, a los 5 minutos de estar hablando, no podés entender cómo no te conocés con ellos de toda la vida.
Este personaje, a quien me doy el lujo de llamar amigo, no es lo que aparenta. Viene disfrazado de Indiana Jones de las pampas, con su sombrero verde de ala ancha -con pluma y todo-, sus infaltables tiradores, y el mate bajo el brazo. Mate que lleva, indefectiblemente, a todos lados. Cuando lo mirás a los ojos, si mirás bien, podés ver la verdad: en realidad, es un dragón disfrazado. Y cuando el dragón te mira, no ve tu disfraz, sea cual sea, sino a quien realmente sos. Aunque ni vos lo sepas, como es mi caso. A veces quiero creer que soy más bien salamandra, aunque más no sea para ser un primo lejano del dragón. Él sabrá.

El punto es que el mate es sagrado. Y en el fondo, si se lo mira medio de costado, es medio pariente del té.

Como del mate no hay receta (o mejor dicho, hay miles), me descargo con una trenza de jamón y queso para acompañarlo. Para los idishes, digámosle pastrón. Shhhh.

Trenza herética de Jamón y queso

Ingredientes
- 50g de azúcar
- 10g de levadura seca
- 500g de harina común
- sal, pizca a gusto
- 150ml de leche
- 50g de manteca
- 3 huevos

Precalentar el horno. Batir los huevos con la manteca derretida y la leche. Separar una cucharada de esta mezcla, agregar 1cda de azúcar, batir y apartar. Mezclar en otro bowl azúcar, levadura, harina y sal. Incorporar a la mezcla en forma de fina lluvia. Mezclar hasta obtener una masa firme y amasable, que no se pegue a las manos. De ser necesario, agregar harina.
Pasar el bollo a la mesada y estirar con palote. Llevar a forma rectangular. Lo ideal es un grosor de poquito menos de medio centímetro.
Con una cuchilla, marcar (sin cortar), dividiendo en 3 secciones iguales, verticalmente.
A las dos laterales, cortarlas en forma de cintas, a 45 grados de la línea central. Estas formarán las cintas de la trenza.

En esta imagen se ven las tiras laterales ya cortadas. 
La tira central está pintada con mostaza.
En el centro, colocar ingredientes a gusto. Pueden ser daditos de queso mar del plata o mozzarella, jamón u otro fiambre en cubitos, champignones, morrones, verdeo, etc. A mí me gusta pintarla primero con mostaza, y luego rellenar com jamón y queso.
Ahora, a "trenzar". Se tomas las cintas de los bordes, desde arriba, y se cruzan sobre el relleno, de a una de cada lado por vez.

Si quedan excedentes, cortarlos. Sirven bien para cerrar los extremos y que no escape el queso.
Luego, con lo que apartamos de la mezcla de huevos, leche, manteca y azúcar, pintamos la trenza. Y al horno se ha dicho. Lo ideal es temperatura media. La cocción toma entre 20 y 30 min. Es importante vigilar que la trenza no se queme de abajo. Por lo general, una vez dorada está lista.
Salida del horno, debería verse así:

Como no tengo fuente rectangular, corté mi trenza en dos.
Sí, todo esto salió de una sola receta. RINDE.
Dejar enfriar un poquito, cortar y servir. Lo más importante, es acompañar con mate y buenas juntas.

D's es mi pastor, nada me faltará...

Salmo 23
Salmo de David

1 Adonái es mi pastor, nada me faltará.
2 Él me hace descansar en verdes praderas;
   me conduce junto a aguas tranquilas.
3 Él restaura mi alma;
   Me guía por sendas de justicia en honor a Su Nombre.
4 Aún si anduviere yo por el valle de la sombra de la muerte,
   no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo;
   Tu vara y Tu cayado me consolarán.
5 Tú prepararás una mesa para mí ante mis enemigos;
    has ungido mi cabeza con aceite y mi copa está colmada.
6 Sólo bondad y misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
   y yo he de morar en la Casa de Adonái por muchos largos años.

1 Mizmor LeDavid. Adonai roi lo ejsar.
2 Binot deshe iarbitseni al mei menujot inahaleni.
3 Nafshi ishovev ianjeni bmaglei tsedek lemaan shemo.
4 Gam ki eléj beguei tsalmavet. Lo iirá ra ki ata imadii shivtejá umishantejá hema inajamuni.
5 Taaroj lefanai shuljan neguéd tsorerai dishantá bashemén roshi kossi revaiáh.
6 Áj tov vajéssed irdefuni kol imei jaiai veshavti beveit Adonai leoréj iamim.


Nuestra Shamash

“El mejor monumento por alguien que ha marchado del Mundo, es que queden familiares o allegados que cumplan más y mejor con los preceptos, en honor al ejemplo dejado por el que murió a esta vida, pero no a la eternidad.
No sólo una lápida de piedra, sino un monumento de vida, todos los días de la vida.” Y. Ribco.

El pasado domingo 14 de diciembre inauguramos el monumento en memoria de Annie.
Más allá de los rezos tradicionales, de nuestro Kadish en su memoria, de las lágrimas y consuelos de amigos y familia, quiero rescatar unas bellas palabras de nuestro jasán.
Hanuka es, para el judaímo, una de las celebraciones más importantes del año. El elemento más simsólico es la januquía, el candelabro de nueve brazos. Cada una de las 8 velas representa uno de los 8 días de hanuka. La novena vela, es la que se usa para encender las otras. Se llama Shamash.
Como el jasán dijo acertadamente, Annie fue nuestro Shamash. Encendió una luz imperedecedera en nuestros corazones, haciéndonos herederos de su fuego y un monumento en vida de su obra en esta tierra. Nuestro Fénix ha vuelto a las cenizas de las que venimos, pero sus llamas de Sinsajo arden en todos nosotros. Como reza su placa, fuiste brote, ahora eres raíz.



Latkes de Papa

Los latkes son una comida típica de hanuka. Son una especie de buñuelos fritos. El aceite es ingrediente principal de la comida de esta fiesta, rememorando el milagro del aceite de las luminarias.
Cuenta la historia que originalmente los latkes llevaban queso, y que se comían en honor a Iehudit, una valiente heroía que con valor, ingenio y queso salvó a su pueblo, Betulia, de la invasión del general griego Holofernes (año 164 a.e.c).
Holofernes había llevado a los judíos de Betulia al borde de la muerte, tomando su única fuente de agua. Cuando estaban por rendirse, Iehudit dió un paso al frente, y pidió ver al general. Cautivado por su belleza, la invitó a una cena a la luz de la luna. Iehudit acepta a ir, pero no a comer, dado que lo que servía no era kasher, pero lo acompaña de todos modos. Eso sí: llevaba su propia comida, y una gran jarra de vino. Durante la cena, se mostró cortés y servicial, ofreciéndole quesos salados y vino de su jarra pasa saciar su sed. Tras mucho queso, mucha sed, y mucho vino para saciarla, Holofernes cae dormido. Y Iehudit demustra tener habilidad para la espada, decapitándolo y salvando al pueblo. Dice la historia que caminó tranquilamente al pueblo llevando la cabeza en la jarra, y que al llegar, sus compañeros colgaron la cabeza del general de la muralla. Asustados al verlo, los soldados griegos huyen a la mañana siguiente.

Qué tiene que ver el salmo 23 con Iehudit, la heronía decapitadora amante del queso? Los que conocieron a Annie lo van a entender.
Con ustedes, la receta de los Latkes.



Ingredientes
- 4 papas chicas
- 1 cebolla mediana
- 4 puerros (opcional)
- 1 huevo
- aceite
- sal y pimienta a gusto

Pelar las cebollas y picarlas, junto con los puerros. Batir el huevo junto con la sal y pimienta. Pelar las papas al final, y rayarlas. Esto es para evitar que se ennegrezcan. Recomiendo usar procesadora en vez de rayador de mano, facilita muchísimo la cuestión. Unir todo, hasta lograr una mezcla uniforme. En caso de ser necesario, agregar un hevo más. La consistencia no debe quedar firme.
Calentar la sartén con un poco de aceite, y colocar la mezcla con una cuchara, formando buñuelos. Cocinar de ambos lados hasta que se doren bien. Tinene que quedar unos discos finos, crocantes por fuera y ligeramente suaves por dentro. Una vez listos, me gusta hecharles queso en hebras por encima, en honor a Iehudit.

De mariposas y puentes

jueves, 6 de noviembre de 2014


voy a tejer un puente
un puente invisible
invisible, y que conecte
conecte de mí a vos
y también viceversa.

voy a tejer un puente
un puente de palabras
palabras inteligentes
inteligentes y sabias
y sobretodo de afecto.

voy a tejer un puente
un puente de sueños
sueños de un nosotros
el nosotros de mis noches
y de mis días también.

voy a tejer un puente
un puente invisible
invisible, y con esperanza
la esperanza de que un día
sin fijarte, lo atravieses.


No tengo una receta muy acorde a esto. Si pudiera, sería un insecticida para mariposas estomacales.
En su lugar, las voy a aplacar con un té. Tal vez las duermo o algo.


Blend para Mariposas Estomacales
(o papillion estomacalis, para llamar a las muy guachas por su nombre cinetífico)

Para una tetera mediana:
- 1 cdita de té blanco en hojitas
- 2 o 3 hojas de hiervabuena fresca
- 1/2 cdita de trocitos pequeños de cáscara de limón
- 1/2 cdita de semillas de anís
- 1/2 cdita de té de jazmín

Colocar hebras, hojas, cáscara y semillas en un inufusor. Verter agua a 90° (si no se tiene termómetro, retirar la pava del fuego cuando empieza a producir un sonido de silbido). Reposar por 2-3 minutos y servir.

Galletitas contra la duda existencial

viernes, 3 de octubre de 2014

Me siento una pelotuda.

La cagada de las relaciones fallidas, es la sensación casi inlavable de futilidad. Llega un punto en que se te llega a pegar, la llevas como una segunda piel, o peor, como una armadura.
"Yo ya lo viví", "esto ya me pasó", "en esta no caigo más", "para qué, si me va a cagar, como todos".
Y así vas por la vida. Quemado. Por las relaciones, por las personas, por las etiquetas. Llega un punto en que no querés más, porque "más" implica más de lo mismo.
De a ratos, te pega la nostalgia. Era lindo confiar, creer, soñar. Era lindo no dejar un pié afuera, no tener un plan de respaldo, no mirar por encima del hombro a cada paso, esperando el puñal. Era lindo antes. 
Sin embargo, la armadura viene con un accesorio más: la firme creencia de que nunca más te va a volver a pasar. Los príncipes azules destiñen, todos mienten, el amor es un número imaginario.
Y así vas, más que viviendo, sobreviviendo en la resignación.

...pero.

Pero un día, de la nada, te pega cual patada voladora a la cabeza.
Alguien, por algún motivo, te despertó esas mariposas forras que creías extintas desde la secundaria o la última glaciación.
Ojo, no lo admitís. Ni a gancho. No way. Yo así estoy genial, para qué me voy a enroscar, si al final siempre sufro, seguro se me pasa, debe ser culpa de esta indigestión de miércoles.
Pero no se te pasa nada.
Ataca cuando estas desprevenido, con las defensas bajas. Una mañana, es un canturreo de algo que, por algún extraño motivo, no habla de corazones rotos y gente chota, y que para cuando te das cuenta, llevas varias horas cantando. Otro día simplemente se te dio por caminar, y por más que haga un día horrible, todo te parece precioso. O te toca un domingo que parece viernes, donde no se asoma ni un poquito de Adele y bajón.
Llega un punto en que uno tiene que ser honesto con uno mismo.

Ok. Estoy hasta las bolas. Malo.
Pero puedo sentir esto que creí muertísimo, producto de una mente cargada de hormonas adolescentes. Bueno. O algo así, supongo.
So... Y ahora? Y ahora qué cornos hago?
Me siento una pelotuda. A pedal. Pelotuda mal. Si me distraigo por ahí hasta granos de púber me salen, ya que parece que tengo 15 de nuevo.

Lo terrible es no saber qué hacer. A ver. Ya estamos grandes. Ya hicimos de todo. Como maneja esto la gente adulta? Civilizadamente. Se sienta y lo habla. Ja. Prefiero ser pendeja, gracias. Prefiero planear como una enferma esas historias de película o de novela romántica, de esas que jamás voy a admitir que ví y leí, y menos, que me gustaron.
Es que menos que eso ya no es suficiente. Para hacer cagadas, más vale hacerlas bien.

Y ahí vas. Te convertís en stalker profesional. Sutilmente, encontras excusas para hablarle. Lo pones a prueba, preguntando esas huevadas que para vos, son súper importantes. Porque al fin y al cabo, ya está. Ya sabés lo que es sufrir. Ya te estrujaron el corazón, ya sabés lo que es ser un muerto en vida, una cáscara vacía, un atado de decepción. Y sobreviviste. Sabés que, en el peor de los casos, vas a volver a levantarte, como siempre, y por muy malo que sea. Al fin y al cabo, si no es para apostarlo, para qué lo tenés? Y más de lo que perdiste ya, no puede perderse...

...No?


Galletitas contra la duda existencial
Para la ansiedad de lo incierto, nada mejor que unas buenas cookies, y que en lo posible, no enchanchen tanto. No digo que sean light, pero tienen tan poca manteca que se pueden comer sin tanto cargo de consciencia.



Ingredientes
- 1 huevo
- 50g de manteca a punto pasta
- 50cc de aceite
- 1/2 taza de harina leudante
- 1 y 1/2 tazas de avena instantánea
- 1/2 taza de azúcar negra
- 1/4 taza de azúcar blanca
- 1 cdita de esencia de vainilla

Batir el huevo, junto con la manteca y el aceite. Incorporar el azúcar negro y blanca, y la esencia de vainilla. Agregar los opcionales que se quiera utilizar, y mezclar bien. Incorporar el harina primero, y la avena al final. Dejar 15-20min en la heladera. La consistencia final debe ser firme, casi amasable. Colocar de a una cucharada sobre una placa de horno aceitada, dejando bastante espacio, dado que al calentarse se estiran bastante. No es necesario darles forma ni amasar.
Cocinar en horno precalentado, de medio a bajo. Según el calor, la consistencia final varía de esponjosa a crujiente, y con un poco de práctica, se puede regular a gusto.

Opcionales
- Cacao en polvo
- nueces picadas
- canela en polvo
- jengibre rallado
- pasas de uva
- chips de chocolate
- pimienta negra molida
- un chorrito de amaretto u oporto
Tengan en cuenta que, si agregan espirituosos, es necesario agregar una pizca más de harina, para que la mezcla no quede chirle por el líquido extra.

Mi combinación favorita: mucha canela, 1 cdita de jengibre, una pizca de pimienta, nueces y un chorrito de amaretto.

Anger management: Catarsis pura.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Me agarró otra vez. La puta madre. Cada vez que lo creo superado, vuelve. Me agarra desprevenida, me puede. Otra vez la amnesia. Me doy cuenta …cuántos? Cuatro? Cuatro días más tarde, decís? Y, debe ser. Qué día cayó? Ni idea. Qué hice yo? Ni idea. Supongo que luchar contra la gravedad inconmensurable de la cama, como de costumbre.
Estoy escribiendo esto, porque la versión más sana de mí me dice que escuchó por ahí que escribir las cosas ayuda. Ponele. Supongo que es mejor que golpear la pared (eso me dijo un conocido con una mano enyesada), y que gritar hasta que me vengan a buscar los simpáticos señores de las camisas blancas no es una opción copada.

Imagen por archanN

La sensación antinatural es lo más difícil. Supongo que cuando hablan de extremidades fantasma debe ser así. La pierna ya no la tenés, hace rato que no la tenés, pero a la mañana no te acordás, y te vas a parar como siempre. Y no. La sentís, te duele incluso. Pero ahí no está, y punto.
Con el correr de los días, se intensifica. Eso de que el tiempo todo lo cura son patrañas asquerosas. De hecho, más tiempo pasa, más bronca te da que no se te note por ningún lado, salvo en las arrugas poco felices de la cara y en los aumentos en la boleta del gas. La ausencia sigue ahí, instaladita, chocha y sin cara de mudarse pronto, como esos parientes lejanos que caen “de visita” y a la semana te abren la heladera a medianoche, en calzones.
Cuando algo te sobra, lo tirás, te deshacés de ello. El novio está pesado? Chau, lo hiciste ex. Al mueble ese que te rompe los meñiques de los pies cada vez que pasas, lo terminás sacando a la vereda o se lo encajás a alguien, con la excusa de que tenés poco espacio. Los papeles de la secundaria los quemás, el apéndice te lo sacás. Y cuando falta? Qué mierda hago si me falta?!
Y no es que me falte ahora. La verdadera cagada, la cagada mayor, la reina de las cagadas, es que tengo todo el resto de mi vida para que me siga faltando. Y no hay nada, nada en el universo, que vaya a llenar ese hueco.
Podría darme por las drogas, por las relaciones parásitas (no de nuevo, gritan mis cadáveres desde el placard. No se preocupen, ya no lo hago más, respondo), por dedicarme a comer chocolates hasta que necesiten instalar una puerta redonda para que mi pobre humanidad ruede hasta la vereda a ver un poco de sol, o por volverme La Loca de los Gatos y llenar mi casa con 42 felinos adorables (esta es la más tentadora). Pero sé que es BIEN al pedo.
La cagada es la sensación. Como dice Laura Brown sobre el final de The Hours;

“Obviously, you... feel unworthy. Gives you feelings of unworthiness. You survive and they don't.”

Dicen que la vida es un regalo. Yo no lo pedí, ninguno lo hizo, pero nos lo fumamos igual. Loco, la próxima, mínimo le dejan la etiqueta, a ver si consigo que me la cambien un poco, o me dejen canjear parte por un voucher de regalo para alguien más.

Las noches se volvieron mi mayor relación amor-odio. No me quiero ir a dormir. Nunca. Nunca más. Pero tarde o temprano tengo qué. Y sueño, y no controlo lo que sueño. Al principio eran puros horrores. Reproducciones HD de las peores cosas que me tocó ver, y de las que imaginé también. Y en un loop constante. Creí que así iba a ser toda mi vida, cada vez que cerrara los ojos. Por suerte no (igual no duró lo que diríamos poco, eh?). Pero dejó lugar a un nuevo tipo de horror. Cuando duermo, no pasó nada. No cambió nada. No perdí a nadie. Está ahí, charlamos, le cuento las cosas de ayer. Suena lindo, no? Sí, todo muy lindo, hasta que me despierto. Los primeros segundos de somnolencia son apenas dispersados por el ruido de la alarma, o por cualquier otra cosa. Porque sí, parece que las noches de dormir profundo se terminaron para mí. Después vuelve la conciencia, y no es que me acuerdo de lo que soñé… me acuerdo que la realidad no es el sueño. Me acuerdo que tengo que volver a esto. Camarero, otra ronda de sensaciones fantasmas para mí! Se ve que el saco de pena y huesos que soy merece otra dosis de lo mismo hoy, no sea cosa que se pueda levantar de la cama como un ser humano normal y tener un sólo día decente. Y así volvemos al ciclo: no quiero volver a dormir en mi puta vida.

Les hablé de la impotencia? No, no?
Cuando a uno no le paso nada grave (grave grave, choto en serio, no tu uña rota, gorda, ya te dije que no cuenta), va por la vida con una ligereza que no sabe que tiene. No digo que la vida sea fácil, porque la mía bien que no lo era antes. Pero se es como el pez, que vive nadando y no sabe qué es el agua. Hasta que le falta, obvio.
Como dice el pibe de la banda esta que de golpe se hizo re mainstream, Passenger;

“Well you only need the light when it's burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go

Only know you've been high when you're feeling low
Only hate the road when you’re missin' home
Only know you love her when you let her go
And you let her go

Staring at the bottom of your glass
Hoping one day you'll make a dream last
But dreams come slow and they go so fast

You see her when you close your eyes
Maybe one day you'll understand why
Everything you touch surely dies”

Y sí, justito así. Salvo que la parte de dejar ir me sale como el culo. Detalles.
Pero yo hablaba de la impotencia. Esa sensación de que tiene que haber algo en el universo que hubieras podido hacer para que las cosas fueran diferentes.
Cuando me pongo lógica, me doy perfecta cuenta. De que no había lo qué, que diferente bien podía ser peor, que no tenía yo con qué ni lo iba a tener en mil vidas. A la hora de sentirse impotente, importa un cuerno todo eso. Te sentís miserable y punto. Querés magia o nada, y magia no hay.

Lo pasas como el culo. Pero me dirán que no se puede pasarlo como el culo todo el tiempo. Saben qué? Se puede. En todo caso, de a ratos, uno se olvida un poco de cuán como el culo está. Jamás como antes, obvio. Ya somos pez fuera del agua, y no hay con qué darle. Y eso te aleja de los demás. La risa ya es a medias, las boludeces no te causan como antes, la vida sabe vacía, los colores grises y otros clichés patéticos para decir lo mismo.
No digo que la gente (pongamos que existe el colectivo gente, por un rato, a fines prácticos) sea mal intencionada. Pero más tratan, más la embarran. Podría escribir un decálogo de fases de mierda que tratan de ser consuelo o ayuda, y por qué cada una es una palada más de bosta.  Aquí sólo un par de ejemplos.

- Está en un lugar mejor…
Que esto es una cagada ya lo noté, pero lugar mejor? Really? No podés pensar algo más enlatado, más prostituído que esa frase? Qué consuelo me va a dar a mí, que estoy sufiendo acá? Y si yo no creo en cielos o infiernos? Eh?? Su lugar era acá, con sus seres queridos. Lo demás es chamuyo, y sino, ya me enteraré, pero ahora me sirve de nada.

- Es el plan de Dios / ya habría cumplido su misión en la tierra
Esta es de las peores cagadas que me han dicho. Y me la repiten seguido, por si las dudas. Pongamos que creo en Dios de la manera judeocristiana tradicional. Si asumo que Dios es omnipotente y bueno, las desgracias como estas no existirían (ergo, no es la situación). Si es omnipotente y justo, es un hijo de puta. Me quedo con justo y bueno, y de omnipotente nada: él tampoco pudo hacer nada, y siente mi misma impotencia y bronca. De cualquier otra manera, Dios esta en mi contra y no conmigo y mi dolor. Y de hecho, si es su puto plan, me tendría que sentir culpable de estar triste. Ja! Alta joda. Dejá, no me consueles más. Gracias Kushner por hacerme ver por qué esto me jodía tanto.
- Ya no sufre…
Perdón! No sabía que tenía que sentirme una yegua porque mi pena sea egoísta y quiera que mis seres queridos vivan en agonía eternamente. Gracias, me quedo más tranquila ahora. Me voy a flagelar un rato y vuelvo. O no.

Concluyendo, cuando alguien sufre, mejor pensar bien qué vamos a decirle o aprendemos a callarnos la boca. Primero, porque al final sirve que hayan estado ahí, no lo que hayan dicho. Y segundo, es mejor armarse de paciencia antes que hacer sentir al otro que su “problemita” tiene “solución” y que mejor se la encontramos rápido para seguir con todo lo demás, que bien banal le va a resultar ahora, si te parás un poquitito a pensarlo. Y que encima es un boludo por sentirse mal.

Ya sé que estoy parafraseando a otra gente hace rato. A algunos tuve la decencia de citarlos. A otros los adapté a mi manera. Otra consecuencia poco difundida son las somatizaciones. Y a veces son menos obvias de lo que creemos.
Yo me siento sin voz. Es como que se me apagó algo, y no arranca. No es que esté muda. Hablo, a veces hasta canturreo bajito sin darme cuenta, o me despierta en la noche alguno de mis propios gritos. Pero no logro hablar con mi voz. No logro decir lo que quiero decir, con mis propias palabras. Es como uno de esos miedos que atenaza y paraliza.  Yo lo siento en la garganta, en el pecho, en el alma. Es el miedo a abrir la boca, y no poder parar, nunca más. A empezar a llorar, y que el resto de mi vida sea sólo llorar. Es la sensación de desborde total, y si abro la compuerta sólo un poquito, sale todo, incontrolable, feroz, a llevarse puesto todo de mí. Es una caja de Pandora que crece y duele, y que me aterra abrir. Psé, re poético. De poco me sirve.
Así que me robo voces ajenas. Cuando ya no puedo más, busco una canción, una poesía, una película que me haga llorar un poco. Y sí, acá hay varias de esas.
Creo que me voy a ver The Hours otra vez. Siempre funciona.
Les regalo una frase más, de la pluma de la propia Virginia Woolf, instantes después de decidir terminar con su vida.

“To look life in the face, always, to look life in the face and to know it for what it is. At last to know it, to love it for what it is, and then, to put it away.”

Así que supongo que es esto. Que la vida es esto, y antes, en mi ignorancia de pez, no lo sabía. Ojalá sean ignorantes todas sus vidas.
Y si no, no están solos.
No hagamos la de Virginia. Matarse es cobarde, y es esparcir esta sensación asquerosa como una enfermedad, contagiando a todos los que dejamos atrás.

Es esto. La vida es esto. Es lo que nos pasa entre medio de esto, es esos ratos en que nos olvidamos de esto. Es esa gente que pese a todo nos saca una sonrisa. Es la esperanza de que cada vez nos olvidemos de la ausencia (nunca del ausente) un rato más que el anterior, y algún día, los ratos lindos duren más que estos. Es valorar la vida por lo que es, aceptarla por lo que es, conocerla, afrontarla, y después… hacerla a un lado.

Ojalá la próxima amnesia, por el aniversario de ese día de mierda, me caiga mejor la próxima vez.


Y me acordé de este video, para que sufran conmigo.

Las arvejas sí son mágicas.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Nada sabe como los años de mi infancia en el campo, como las arvejas hervidas.
No esos horrores de lata que como ahora. No esas vainas de verdulería con cara de tristes y marchitas.
Las arvejas de verdad, son otra cosa.

Era pequeña, y el mundo era un paraíso plagado de maravillas y misterios. Y en ese mundo, mi mamá era la Sabia Hechicera. 
- Ma, por qué las mariposas se paran en las flores?
- Ma, de dónde vienen las libélulas?
- Ma, por qué se marchita el maíz y madura el choclo?
- Ma, por qué las gallinas duermen paradas?
- Ma, por qué saltan las liebres?
- Ma, por qué los pollitos salen de un huevo?
- Ma, por qué hay que lavar las verduras? Y las manos? Por qué me tengo que lavar las manos?
Mi mamá tenía todas las respuestas. Cocinaba, cosechaba, prendía el horno de barro, y me explicaba el mundo. Me enseñaba a pastorear a las gallinas, a respetar a las ranitas arborícolas, a no tenerle miedo a las abejas. A no caerme de la higuera cuando subíamos a por esos higos morados, y a bajar los más altos con un palito con un gancho de alambre en un extremo que le fabricamos. A devolver a los pichones chiquititos a sus nidos, a cortar sólo los tomates más rojos de las plantas. A salvar a las palomas encerradas en los invernaderos gigantes, a no cortarle los bigotes al gato, a no tocar las ortigas, a saludar a todo el mundo sin hacer diferencias.
La Hechicera me curaba cuando me raspaba, me quemaba o me lastimaba (cosa que sucedía bastante seguido), pero no me retaba cuando volvía cubierta de barro de pies a cabeza y con el pelo hecho un nudo. Recibía mis tortitas de tierra y flores como la ofrenda que eran, y ponía, muy tranquila, todo a lavar.
Me explicó por qué salía agua de la bomba esa del patio, la de la manija grande de hierro. Y por qué sonaban en mi pieza las gotitas de agua en las hojas de la parra. A buscar los huevos del gallinero, a cuidar a los patitos (sobretodo, de mis propias hermanas).
Una tarde, me enseño lo de las arvejas. Que en esas vainas feas, había maravillas escondidas. A pelarlas una por una, a poner las semillas gordas y verdes en un jarrito, y a hervirlas hasta que estuvieran más verdes aún. Eran lo más rico del mundo. Ir a la hilera a buscar las arvejas a su planta, eran la mejor búsqueda del tesoro que pudiera pedir. Y prepararlas, era como hacer una poción mágica.
Vivir en el campo marcó para siempre mi amor y respeto por todo lo animal y vegetal. Y también, por el resto del mundo.
Teníamos empleados en el campo, como todos. Y yo era muy chica para saberlo, pero no éramos como todos. Jugábamos con los hijos de los empleados todas las tardes. Así aprendí a saltar la soga, a jugar a la rayuela, a tallar calabazas, a juntar frutillas del campo del vecino. Mamá me explicó un día que "bolita" no era la bolita de jugar; era un insulto, y estaba muy mal decirlo así. Yo no entendía por qué otros chicos les decían palabras relacionadas con su ascendencia como si fueran un insulto, ni por qué no jugaban con nosotros. 
La hija de los empleados de otro campo, era sorda. Yo la invitaba a merendar, y jugábamos igual. Aprendí algo de lengua de señas de una tía de ella, que a veces oficiaba de traductora, y así, como podíamos, nos comunicábamos. Nunca se me ocurrió que en ese entonces, yo era su única amiga.
Yo creo que en ese campo me formé como persona, al menos en las cosas más importantes. 
Aprendí a distinguir aves, plantas, verduras, y personas. A separar los tomates por color, y a las personas, por calidad humana, que nada tenía que ver con todo lo demás.

No tengo receta para las arvejas. Y si la tuviera, no serviría de nada. Habría que ir al campo, cosecharlas con las propias manos, para que sepan igual.
Además, sin la magia que ponía mi Hechicera en el agua, no creo que salgan tan ricas.


Takoyakis planos y cenar sola

viernes, 12 de septiembre de 2014

Soledad tiene un día difícil.
No todos son así, está acostumbrada a vivir con ella misma. 
Por lo general, lo disfruta enormemente.
Hoy no es así.

Tiene sus días de andar en piyama, de no salir de casa, de tele, pochoclo y té.
Tiene sus días de una sola taza, un solo plato, y una cena de sartén.
Tiene días de triste procesión, y días de alegres paseos por el parque.
Días de estirarse en la cama, o de acurrucarse en un rincón.
Días de leer en el patio, y días de esconderse en un dibujo.
Hay días que cocina con placer, cual gurmaund.
Otros, son días de fideos recalentados y té.
Pero siempre hay otro día, bueno o malo.
La tormenta siempre pasa, y tarde o temprano, todo vuelve a su lugar.
O no.

Hace días que no.
Por qué, desde hace un tiempo, no disfruta su soledad?
Por qué finge la sonrisa cuando le preguntan si está bien?
y sobretodo, desde cuándo es así?
No quiere saber.
No lo quiere admitir.
Admitirlo es aceptarlo, aceptarlo es lidiar con ello.
Y no quiere, no quiere. 
Ella está bien así. No?
Ella es feliz así…
…No?

Hace mucho que no ansía la compañía de nadie. 
Disfruta sus ratos con amigos, por supuesto.
Pero cuando no, está bien igual.
No ansía la compañía de nadie.
No la ansiaba…
No?

Ahora piensa en él, y se odia.
Estaba tan bien antes, 
estaba tan bien no necesitar a nadie.

Se odia porque sabe que, en el fondo, es su culpa.
Sabe que, de algún modo, se lo buscó.
Ella sola lo miró distinto un día. No hubo provocación.
Fue el principio del fin. Ya no había vuelta atrás.
Para Soledad, no hay nada peor que el "y si…?"
La sensación de posibilidad no la deja dormir.
Y si...?

Sin darse cuenta, imagina planes y estrategias y sus posibles finales.
Sin darse cuenta, empieza a pensarle un lugar en su vida.
En algún momento, se da cuenta de que ya perdió.
Y si…?
Y sí. Ya es tarde.
Sin darse cuenta, pone la mesa para dos.


Takoyakis planos
(Receta adaptada para no necesitar la plancha especial para takoyakis).

Ingredientes
- 1 taza de harina leudante
- 1 huevo
- 30g de manteca
- 150 ml de leche
- una pizca de sal
- 1 o 2 cebollas de verdeo
- 200g de tentáculos de calamar

Lavar los tentáculos, limpiando bien las ventosas, y hervir por 5 minutos en agua con abundante sal.
Retirar y dejar enfriar.
Batir el huevo con la manteca derretida, e incorporar la leche. Agregar la sal, y si se quiere, una pizca de pimienta. A mí me gusta incorporar medio caldito knorr de crema y verdeo, pero no es necesario, sólo cuestión de gustos. Una vez unido, incorporar la harina y homogeneizar. Tiene que quedar una pasta firme, parecida a la de los panqueques americanos.
Ua vez fríos, picar pequeños los tentáculos, e incorporar a la mezcla, junto con las cebollas de verdeo lavadas y picadas.
Precalentar una plancha o sartén de teflon, y bajar el fuego cerca del mínimo. Verter de a una cucharada de la mezcla, hasta llenar los espacios libres de la sartén. En mi caso, entran de a 5 a 6 takoyakis, pero pueden hacerse más grandes o más chicos si se prefiere. Tienen que quedar infladitos y esponjosos.
Dorar de ambos lados, y servir con salsa Teriyaki* y sésamo. Acompañar con un rico té.

* Sala Terikayi
- 6 cdas gdes de salsa de soja
- 1 pizca de jengibre rallado
- 3 cdas de vinagre (si es de arroz, mejor. sino, de manzana)
- 2 cdas de azúcar negra o de miel
- 1 cdita de fécula de maíz
- opcional: 2 cdas de vino blanco seco
Mezclar la salsa de soja, jengibre, vinagre, azúcar y vino. Calentar durante 5 minutos, para disolver el azúcar. Espesar con la fécula (en Argentina se la conoce como Maizena, su ppal marca comercial), disolviéndola primero en un chorrito de agua fría.

Así se preparan, originalmente:

Blend para libros letales

La vida del lector es dura.
No, no hablo del precio de los libros, de la adicción al olor del libro nuevo, ni a las noches sin dormir por perderse leyendo.
Dicen que el que lee, vive muchas vidas. Pero sufre muchas muertes.
La sensación es terrible. Es como recibir una mala noticia, y no importa si terminó bien o mal. El problema es que se terminó.
Si la lectura es buena, uno lee como un poseso, impulsado hacia adelante todo el tiempo, ansiando más, saber más, ver qué pasa. Pero no se percata de que se propulsa hacia el final. No del libro en sí, sino de ese recorrido por ese mundo, que ya nunca va a ser igual.
La última página se aproxima amenazadora. Queda menos libro en la mano derecha. La última oración viene casi anunciada por ese espacio en blanco que viene después, pero se puede percibir, por el rabillo del ojo, mucho antes. Y ya está. Se da vuelta la última página, se disfruta por unos minutos el final, y de pronto, cae la verdad como una epifanía: se terminó. 
Me dirán que se soluciona volviendo a leer. El libro sigue ahí, en nuestras manos! Pero no, no es lo mismo. Conozco bien la sensación de llegar a la contratapa llorando, y ahí nomás, antes de secarme la cara, darle la vuelta y volver a empezar.  Pero ya no es lo mismo. 
Si antes se era parte de la historia, ahora se es un fantasma en un mundo que ya es ajeno. A veces, si pasan los años y uno empieza a olvidar, es posible recuperar en parte algo de esa lectura inicial. Si se tiene la maldición de la buena memoria, no hay esperanzas.
Lo más duro, es volver a la vida real. Vida real? Ese horror donde la heladera rechina, el perro viejo ronca, las palomas hacen ruido en el taparrollo de la ventana? Ese mundo de despertadores, paradas de colectivo y rutinas? Y lo que es aún peor, donde no hay dragones, elfos, magia? Terrible. Si terminé de leer de noche, me cuesta dormir del impacto nomás.
No es como cuando aún se está leyendo. En ese interín, se puede transitar por la vida de los mortales, pero la cabeza está en el otro mundo; se es un fantasma en este. Cada tarea cotidiana es un trámite que terminar para poder volver a la lectura. Ahora, es como si esos personajes amados hubieran muerto un poco, aunque el autor haya tenido la piedad de dejarlos vivir. Ya no caminan con nosotros al kiosko, no nos acompañan en el colectivo.
Es terrible terminar un buen libro. Ni hablar si es el último de una saga. O lo último que nos queda por leer de un autor amado. Un buen libro puede ser letal.
Sólo nos queda una pregunta. Y ahora, qué leo?




Blend para leer de noche

Cuando siento que se aproxima el final de un buen libro, me preparo un buen té, me acomodo bien en la cama, y me rodeo de tantos gatos como pueda. Si además hay chocolate, mejor.
Ojalá este blend los ayude con sus lecturas letales.

Para una tetera grande:
- 2 cditas de té negro en hebras
- 2-3 cápsulas de cardamomo
- 1/2 cdita de anís (semillas)
- 2 o 3 semillas de pimienta negra, enteras
- una pizca de gengibre rallado
- un trocito de canela en rama
- 3-4 gotas de esencia de vainilla

Colocar las hebras y semillas en un infusor o colador fino, y reposar 4 minutos en agua a punto de ebullición. Una vez retirado, agregar a la tetera las gotas de esencia de vainilla.

Poetry & Tea

lunes, 25 de agosto de 2014

No me salves.
No me busques en mi noche, 
no ilumines mi pasado.

No me cures.
No limpies mis heridas.
No impidas el daño.

No me arregles.
no llenes mis ausencias,
No juntes mis pedazos.

No me llores.
No me quieras con lástima,
no me mires desolado.

No me salves.

Solo quiero que me quieras
sin pensarlo
sin arreglos
ni reparos

Solo quiero que me entiendas
con mis ausencias
con mis delirios
y mis llantos

Solo quiero que me escuches
sin explicaciones
sin consuelos
ni reclamos

Solo quiero que te quedes
otro día
otra noche 

a mi lado.

(Foto por UntamedUnwanted)

Blend de té para corazones rotos
(porque qué mejor que un té para remojar las penas?)

Para una tetera grande:
- 3 cucharadas de té rojo en hebras
- 2 flores de hibiscus
- 1 cucharadita de pétalos de rosa
- 1/2 cucharadita de rosa mosqueta
- 1u anís estrellado (o 1/2 cdita de anís común, en su defecto)

Colocar en un infusor, y llenar la tetera con agua hirviendo. 
Retirar las hebras al cabo de 3min.
Acompañar con una película deprimente, como Las Horas. O con galletitas, como prefieran.

Muffins Mágicos para corazones tristes

sábado, 23 de agosto de 2014

Esta receta es tuya. Siempre lo fue. Los muffins eran asunto tuyo.
Tu recuerdo huele a esos muffins calentitos, recién salidos del horno, que no querías que tocara hasta que los terminaras de decorar.
Me duele el alma recordarte. Se me apaga la voz, se me cierra el mundo.
Me corre algo por la cara, y tardo en darme cuenta que son lágrimas. Pero de a poco, lloro y río a la vez. Algún día, supongo que sólo reiré. Eso quiero creer.
Pasaron como muchos meses, pero para mí estabas acá ayer. Me cuesta planear cosas y no incluirte a vos también, como antes, como siempre.
Supongo que no termino de asimilar que no estás, que ya no vas a estar. No sé si lo podré hacer algún día. Es la clase de cosas a las que, en realidad, no quiero acostumbrarme.
Es tan raro ir a comprar un sinsajo, y que no sea para vos. Es tan raro usar las chalinas que te regalé. Son como pequeños talismanes de vos, y a la vez, el recuerdo amargo de que no estás.
Hoy, como casi todos los días, necesito de tus muffins mágicos para mi corazón triste.


Ingredientes
- 1/2 kg de harina leudante
- 4 huevos
- 220ml de aceite
- 220g de azúcar
- 1 cdita de polvo para hornear
- 1 cdita de escencia de vainilla

Opcionales
- 1/2 taza de chocolate para taza, derretido
- chips de chocolate
- Arándanos
- Frutas rojas
- nueces o almendras

En un bowl, unir los huevos, aceite, azúcar, esencia de vainilla. Agregar el polvo para hornear, y la harina en fina lluvia. Para hacer de chocolate, agregar en este paso el chocolate derretido.
Verter en pirotines, no llenando nunca más de 2/3 del molde. En este paso, se pueden agregar los chips de chocolate, frutas, nueces, almendras, etc.
Para evitar que se deformen, conviene colocar los pirotines en un molde para muffins de silicona, o en moldes de aluminio.
Hornear 20-30 min en horno moderado a fuerte, o hasta que al meter un cuchillo salga limpio.
Por encima, se pueden untar en dulce de leche, y espolvorear con coco rallado, o con chispitas, o con chips de chocolate.

Bittersweet

Cuando te conocí, estaba convencida de que era incapaz de esas cosas.
Vos sabés de qué cosas te hablo: esas cosas tiernas, cursis si se quiere. Esos códigos secretos entre dos, esos mensajes que, vistos de afuera, parecen una locura, pero para nosotros, lo eran todo.
Me acuerdo que, en cierta medida, te había contagiado mi locura por las plantas y flores. Tu colegio quedaba a pocas cuadras del mío, pero salíamos a distintos horarios. Casi a medio camino entre uno y otro, había en una vereda uno de esos árboles que eran nuestros: un cerezo. Tenías la costumbre de pasar por ahí temprano por la mañana, y dejarme, en una rama, un regalo escondido. A veces, era una carta. Otras, un palito para el pelo que habías tallado a mano. Otras, una pluma encontrada por ahí.
Mis regalos, casi siempre, eran cartas. A veces, en inglés. Otras, en caracteres que sólo nosotros podíamos leer.
Había una especie de árbol de la que yo no sabía el nombre, y que te encantaba. Lo bautizamos juntos, con un nombre inventado, pero que sonaba casi real. Probablemente no lo sepas, pero nunca llamé a ese arbolito de otra manera, y, pese a los años, me tomé el trabajo de nunca saber su nombre real. Para mí, ya lo tiene, y no lo conoce nadie más.
Con vos me volví lo que mis amigas llamaban "basurera sentimental"; guardaba TODO. El papelito con esa poesía mala del dos corazones que me diste esa tarde. El boleto de colectivo del día del paseo ese tan lindo. Las entradas al cine de la peli que nos gustaba, el papel de caramelo del día de nuestro "cumplemes". Para ordenar toda esa parafernalia, un día me regalaste una agenda. Originalmente, era sólo un cuaderno, pero habías pintado la tapa de mi color favorito, armado una cinta del mismo color como señalador, y marcado, página por página, todos los días del año. Recuerdo llenarla de esos stickers que me regalabas, anotar minuciosamente todas nuestras peripecias de cada día, y pegar al lado, la "basurita sentimental" correspondiente.
Creo que todas esas cosas tienen el sentido que uno les da, dado que naturalmente, por sí mismas no eran nada. Tal vez por eso un día descubrí que anotar los mensajes de texto que me escribías en las últimas páginas de la agenda era más una obligación que un recuerdo. En algún momento, llevar la lista de pelis que habíamos visto juntos sabía más a trabajo que a lo que sea que sabía antes. En algún momento, no logro precisar cuál, lo tierno se volvió cada vez más amargo.
Supongo que por eso, el Lemon Pie me trae tu recuerdo, dulce y ácido, merengue y limón.


Ingredientes

Para la masa:
- 200g de harina
- 100g manteca
- agua, cantidad necesaria

Con la manteca fría y la harina, armar a mano una arena. Incorporar poca agua bien fría, hasta lograr una masa uniforme y que no se pegue al tacto. Estirar con un palote, y pasar a una tartera enmantecada y enharinada. Pinchar la masa con un tenedor para que no se infle al cocinar. Llevar a fuego moderado por 15-20min o hasta que se seque.

Para el relleno:
- 1 taza de azúcar
- 1cda de manteca
- 1 taza de agua
- 1/2 taza de jugo de limón
- 4 yemas
- 1 chorrito de leche
- 3 cdas de maizena

En una olla, mezclar a fuego suave el azúcar, manteca, agua, y jugo de limón. Batir las yemas con la leche e incorporar. Espesar con la maizena, previamente disuelta en dos o tres cucharadas de agua fría.
Antes de que se enfríe, verter sobre la masa. Dejar enfriar media hora.

Para el merengue:
- 4 claras
- 1 pizca de sal fina
- 3 cdas de azúcar

Batir las claras con sólo la sal. Esto permite llegar más fácilmente a punto nieve y adquirir mayor volumen. Una vez listo, incorporar el azúcar con movimientos suaves y envolventes, para que el merengue no se baje.
Utilizar en el momento para cubrir el relleno de la tarta. Colocar usando una cuchara grande, tirando con firmeza cucharas de merengue y formar picos.
Llevar a horno al mínimo, y en lo posible, entreabierto por 20 a 30 min, o hasta que el merengue se seque y dore.
Servir bien fría.

La petite fille de la mer

viernes, 22 de agosto de 2014


Cuando escucho esta canción de Vangelis, pienso en falafel.
No, no es una asociación burda ni carente de profunda emoción y sentimiento.

Avión. Mi primer viaje en avión. Bueno, más bien el segundo; el primero, había sido horas antes, catorce horas de vuelo para cruzar el atlántico. Para el que alguna vez hizo un viaje en avión de este tipo, sabe de qué hablo: en sí mismo, ya es una experiencia mística. Ver el mundo desde arriba de las nubes, ver cómo se abren y muestran un continente desde arriba, la sensación de que uno está inmóvil, y es el mundo el que se mueve...
Para el segundo viaje, ya necesitaba dormir un poco. Me tocó un asiento en la fila de a tres, justo en medio de una pareja mayor. Me ofrecieron el asiento de la ventana, para viajar juntos. Obviamente, acepté. Después de unas horas, el cansancio y el baileys que venía tomando me vencieron, y puse en el ipod mi playlist para dormir. (este es un buen momento para darle play al video, si aún no lo hicieron).
Me despierto. Suena Vangelis. En la bruma del sueño, miro por la ventana. Es de noche. Primero, veo sólo oscuridad. Luego, hacia adelante, aparece una línea de lucesitas amarillas, que recortan la línea costera del mar y de la noche. Entiendo que estoy viendo, por primera vez en mi vida, Eretz Israel.
Es la tierra de mis antepasados, de la historia de mi pueblo. Es la tierra de Moisés, de Sarah, Raquel, Lea. Es la tierra de los sobrevivientes de la Shoá (el holocausto). Es la cuna de la humanidad. Miles de almas vivieron y murieron allí, para que, siglos después, yo viviera y pudiera pisarla.
La viejita de al lado me alcanza amablemente un pañuelo. En un inglés rudimentario, me pregunta "la primera vez, no?". "Sí", le respondo, de pronto consciente de que estoy llorando. "A todos nos pasa las primeras veces". Me doy cuenta de que, seguramente, ya ha tomado este vuelo una docena de veces. Sin embargo, sus ojos también están vidriosos. Termina la canción. Aterriza el avión.


Falafel Estilo Israelí
En Israel, el falafel se vende en la calle, como quien vende panchos o choripanes. En todo centro urbano o comercial que se precie, hay al menos un puesto de falafel. También venden shwarma de pavo, pero cuando uno anda de viaje y ahorrando cada shekel, esta es la opción ideal. Rico, nutritivo, portátil, versátil, y apto para los amigos veganos.

Ingredientes

- 1/2 kg de garbanzos secos, remojados desde la noche anterior
- 2 dientes de ajo
- Una cebolla mediana
- Pan rallado, una taza
- 1 sobre de levadura en polvo
- Pimienta negra
- Comino
- Perejil
- Sal

Escurrir los garbanzos, y procesar hasta romperlos un poco. Añadir los dientes de ajo, la cebolla ya picada, el perejil, la levadura y los condimentos a gusto. Procesar, y de ser necesario, agregar un poco de agua para lograr una crema espesa.
Se deja reposar al menos 1h en la heladera para que tome cuerpo.
Armar bolitas del tamaño de una cucharada colmada, como quien arma albóndigas, y pasarlas por el pan rallado.
Freír sumergiéndolas en el aceite a fuego fuerte. Una vez doradas están listas.


En Israel, se sirven en un pan pita (acá le decimos pan árabe) abierto por la mitad, donde se coloca primero hummus (pasta de garbanzos) o tahini (pasta de sésamo), lechuga o rúcula, cebolla y tomates picados, queso en hebras... en fin, lo que se les ocurra.

Amor de Pan Saborizado

Siempre supe que eras como el pan.
En vos, la expresión no exageraba nada.
Recuerdo despertar por las mañanas (digámosle mañanas), y sentir el olor del pan.
Solías despertarte mucho antes que yo, y en tu bondad, amasabas el pan para mí, para los dos.
Era una maravilla despertar con el pan recién horneado, pero mayor maravilla eras vos, con mi delantal puesto y cubierto de harina de la cabeza a los pies.
Esos fines de semana en que venías a verme eran la gloria. Nuestro pequeño mundo se reducía al espacio que ocupábamos los dos, y las decisiones, a qué gustos de panes amasar.

Sé que terminamos mal. Sé que fui una tormenta de furia y desamor.
Es que mezclamos todo, y el límite se desdibujó.
Y un día te descubrí alejándote, y la locura me ganó.
No te confundas, no me olvido, ni me arrepiento de nada de lo que pasó.
Pero pienso que lo nuestro, como todo ciclo, sencillamente encontró su fin.

Hoy, prefiero recordar los panes de ajo y las horas que pasabas consolándome.
Los panes de orégano, y las películas que veíamos juntos.
Los panes de pimentón, y tratar de hacer entrar nuestras soledades en un sólo colchón.
Los panes de queso, y los momentos de encuentro, y lisa y llana felicidad.

Hoy, vuelvo a amasar esos panes, pero dejando lo demás atrás.
Me quedo con el recuerdo de nuestro amor de pan saborizado.
Ojalá seas feliz, y sigas siendo como el pan.



Panes Saborizados

Ingredientes
- 1/2 kg de harina 0000
- 1 sobre de levadura seca
- 3 cditas de azúcar
- 5 cditas de sal
- 50g de manteca a punto pomada
- aprox. 1 taza de agua tibia

Colocar en un bowl grande la harina, e incorporar el azúcar, sal y levadura. Agregar la manteca, y la mitad del agua, y empezar a amasar. De a poco, ir agregando el resto del agua, hasta lograr una masa uniforme y que no se pegue.
Separar la masa en bollitos, y dejar leudar por media hora.

Volver a amasar los bollitos con alguno de los siguientes agregados:
- 1 diente de ajo fresco picado o cdita de ajo seco
- 1 cdita de pimentón dulce
- 50g de queso (en mi opinión, el Mar del Plata es la mejor elección)
- 50g de salame o jamón picado
- un puñado de semillas (ej, girasol, lino, sésamo, amapola)
- orégano o tomillo, 1/2 cdita
Y otras variantes que se les ocurran.

Poner al horno medio en una fuente enharinada, y cocinar hasta que se doren.
Antes de meter al horno, se los puede pintar con huevo.

La religión de los Varenikes

El judaísmo es, ante todo, una religión llena de comida, abuelas cocineras, tradiciones de la mesa y de qué y cuándo comer.
Dice en alguna parte de la Torah: "no hay festejo sin comida y vino". Amén a eso.
"Como papas para varenikes" no sólo es el nombre de un libro de cocina judía y cuentos afrodisíacos (sí señor, cero tabúes, esto no implica controversia alguna para el judío moderno), es la versión de la cole de la famosa frase "como anillo al dedo". Es que la papa es el ingrediente fundamental de esta receta.
El varenike es una institución en sí mismo. Y como toda institución moishe, "donde hay dos judíos, hay tres sinagogas". Ergo, nos gusta discutir todo. Así, si bien el plato tiene numerosas variantes, la bondadosa papa es la constante. Tanto es así, que los propios knishes, famosos de este lado del mundo, no son más que varenikes al horno (Adonai me perdone semejante afirmación apócrifa.... pero el que los probó, y preparó, sabe que es cierto!).
Mi Bobe (abuela) me preparaba ambas cosas, y la preparación en sí, ya fueran los unos o los otros, era un festejo en sí misma. La cocina de la bobe era el alma de la casa. Es donde ella, y toda visita que se precie, pasaba la mayor parte del tiempo. La vieja se preparaba el mate, y se ponía a cocinar. Si uno se portaba bien, la abuela te dejaba participar, y te enseñaba los misterios de la cocina. Así se forjó mi pasión por la misma (y la de mis hermanas), y sobretodo, por la comida! Comida que siempre fue alimento y cultura.
Hoy en día, no puedo sentir el olor de varenikes, knishes y muchos otros platos tradicionales, y no pensar en la bobe. Mujer de pocas palabras, pero toda una matriarca para su familia. Esta semana se la recuerda en el Kabalat Shabat, oficio religioso del inicio del sábado (cosa que viene a ser el viernes por la nochecita), y si bien voy a ir con mi familia a decir Kadish por ella, puedo afirmar que la recuerdo seguido.

Con ustedes, los Varenikes de la Bobe.

Ingredientes
- 1kg de papas
- 1/2 kg de cebollas
- Tapas para empanadas de copetín
- Un chorrito de leche, a ojo
- 1 cucharada de manteca
- Una pizca de sal
- Una pizca de pimienta o nuez moscada
- Opcional: queso rallado.


Dorar la cebolla, cortada pequeña. Con las papas, preparar un puré suave, incorporando la manteca y leche. Cuidado de no pasarse para que no quede chirle. Condimentar, agregar la cebolla, y dejar enfriar. En este punto se puede agregar al relleno el queso rallado.


Armar los varenikes usando una cucharada de relleno por cada tapita, cerrándolas en forma de medialuna, y uniendo luego las puntas.
Dejar al menos 1h en la heladera. Hervir como quien hierve sorrentinos.
Servir con crema, y como opcional, con cebolla dorada o perejil fresco.

(Sí, la imagen no es mía, pero está TAN linda!)

En lo posible, servir en buena compañía, y brindar con un L'Haim (por la vida!).


Edit:
Versión 2: Knishes.
Misma receta, pero en vez de hervir, se mandan al horno hasta que se doren. Se acostumbra cerrarlos en forma de "nidito":


Se los puede pintar con huevo, pero de nuevo, es opcional. Lo importante es hacerlos con amor <3.

Mi hermana y la Mayonesa de Atún

jueves, 21 de agosto de 2014

Nunca me va a salir como a vos esa maravillosa mayonesa de atún.
La mayonesa de atún era más que una comida; era tu expresión artística y familiera a la vez.
Era llegar a casa agotada, destrozada, y que me recibieras con un "Tenés hambre? prendeme el fuego, te hago una mayonesa de atún".
Y no había dos recetas iguales.
Un día, se te dió por ponerle aceitunas.
Otro, una pizca de mostaza.
Pero siempre sabía a cariño de hermanas, a agasajo, a cura para el alma.
Eso sí: pobre del que se atreviera a meter tenedor antes de que dieras el veredicto de que estaba lista. Ahí se te notaba el carácter.

No puedo pensar en esa mezcla y no pensar en vos, en toda vos, en esos ratos juntas.
Te extraño tanto, a vos, y a tus mañas.
No me retes, está bien que llore cada tanto.
y también, qué querés! si la mayonesa de atún no me sale como la tuya!

Pobre Adonai, allá arriba, no lo debés dejar en paz.
"Dale, gordo, prendeme la hornalla, tenés cara larga hoy, yo sé qué es lo que necesitás: una mayonesita de atún. Hay hornallas acá, no? te mato si no hay".


Receta Tentativa

Ingredientes
- 1 lata de atún
- 2 o 3 huevos duros picados
- mayonesa
- queso untable
- mostaza
- sal
 Opcionales
- aceitunas picadas
- pepinillos agridulces picados

Mezclar los ingredientes, en cantidades a gusto y criterio, hasta obtener una crema homogénea.
Untar en panes, galletitas, etc.
Convidar a los seres queridos, sobretodo si tuvieron un mal día.

La amistad sabe a tarta de avena.

Éramos chicas (creíamos que no), y corríamos por ese campo tan lindo como si la vida fuera sólo eso, sólo ese instante.
De día, olor a caballo, a pasto, a libertad.
De noche, olor a luna, a lluvia, a flores.
En la casa, vestida de tradición, La Madre cocinaba. El olor a la tarta de avena llenaba el mundo.
La amistad sabe a trata de avena.




La Gran Tarta

Para la masa:
- 1 taza de harina común
- 1 taza de harina leudante
- 1 taza de avena instantánea
- 3 cdas soperas de azúcar
- 2 cditas de sal fina
Unir. Incorporar 150ml de aceite y 100ml de agua.
Amasar hasta formar una masa elástica.
Estirar en una tartera sin enharinar, y cocinar a horno medio por ~20 min, o hasta que endurezca la masa, sin dorarse.

Para arriba:
Armar una mayonesa de atún o caballa a gusto (Pescado triturado, mayonesa, queso crema, limón, etc).
Decorar con vegetales a gusto y huevo duro.
Mis favoritos:
- Zanahoria rallada
- Rúcula
- Lechuga (con mayonesa)
- Rabanitos (ya pasados por salmuera y condimentados)
- Choclo amarillo
- Brócolis hervidos
Si se pone a los amigos a procesar las verduras, la tarta sabe mejor. Siempre.


Adele y mi cake-in-a-mug



Me gustan las canciones de letra alegre y música triste.
Ésta es un ejemplo ideal.

Existe la nostalgia del futuro? Nostalgia retroactiva?
Escucho esta canción, y no puedo evitar pensar "algún día...".
Ojalá te encuentre algún día.
Mientras tanto, escucho a Adele y bajo la pena con azúcar (qué mejor?).


Joul's Cake-in-a-mug: versión frutal
(En realidad, es un engaño; uso una cazuela de barro. Sean creativos)

Batir en una taza:
- 1 huevo
- 2 cdas colmadas de azúcar
- 2 gotas de esencia de vainilla

En otro recipiente, entibiar en el microondas para derretir y unir:
- 1 cda de manteca
- 2 cdas de alguna mermelada de su gusto (a mí me gusta usar de maracuyá)
- y 2 cdas de queso untable.

Unir ambas mezclas en el recipiente a utilizar, y agregar 3 cdas de harina leudante. Si es ultra refinada para repostería, mejor. Poner en el centro del plato del microondas, y cocinar por 2-3 minutos en máxima potencia.
Tener en cuenta que leuda, y por lo tanto, antes de cocinar la mezcla no debe ocupar más de 1/3 del recipiente.

Añadir por encima una cucharada extra de mermelada, y acompañar con un rico té.
Si lo hacen escuchando a Adele, procurar esconder los cuchillos y todo objeto corto-punzante.


Cappuccino Nostálgico

Hay días que, de la nada, te recuerdo.
Te recuerdo sin el dolor, sin la angustia, sin todas las cosas que no debimos haber hecho y dicho.
Te recuerdo sin tus faltas, sin tus errores. Te recuerdo sin tu traición.
Esos días, (casi) extraño de vos algunas cosas.
Casi extraño el olor de tu pelo.
Casi extraño tu locura, y las locuras que me decías.
Casi extraño la manera en que recitabas poesía y me contabas cuentos.
Casi extraño esas noches en el techo de casa, mirando las estrellas y sintiendo juntos la tragedia de la vida.
Oh, qué felices éramos en la tragedia!
Felices a nuestra manera.
La alegría no evoca las expresiones más bellas del arte, y en ese entonces, la tragedia dulce nos inspiraba.
Recuerdo las noches de pintura y jazz.
Las noches de dibujo en el bosque.
Las noches de cappuccino y radioteatro.

Este cappucciono de hoy, te lo dedico a vos.
Por los (buenos?) viejos tiempos.
No temas, esta vez, no tiene cianuro.
Creo.




Cappuccino Nostálgico - Receta

Para preparar 1 taza
- 2 cditas de café instantáneo
- 2 cditas de azúcar
- 1/2 cdita de canela en polvo
- 1 cdita de agua
Batir.
Completar a 1/2 de taza con agua hirviendo.
Agregar 2-3 cucharadas de amaretto, almendras (o nueces) picadas pequeñas, y cáscaras de naranja en fina juliana. Finalizar con una cucharada colmada de crema batida.

Beber junto a la ventana, de trasnoche, mirando el cielo estrellado, y recordando viejos amores.
Si se lo prepara para un ex, aderezar con un poquito de cicuta.