Blend para libros letales

viernes, 12 de septiembre de 2014

La vida del lector es dura.
No, no hablo del precio de los libros, de la adicción al olor del libro nuevo, ni a las noches sin dormir por perderse leyendo.
Dicen que el que lee, vive muchas vidas. Pero sufre muchas muertes.
La sensación es terrible. Es como recibir una mala noticia, y no importa si terminó bien o mal. El problema es que se terminó.
Si la lectura es buena, uno lee como un poseso, impulsado hacia adelante todo el tiempo, ansiando más, saber más, ver qué pasa. Pero no se percata de que se propulsa hacia el final. No del libro en sí, sino de ese recorrido por ese mundo, que ya nunca va a ser igual.
La última página se aproxima amenazadora. Queda menos libro en la mano derecha. La última oración viene casi anunciada por ese espacio en blanco que viene después, pero se puede percibir, por el rabillo del ojo, mucho antes. Y ya está. Se da vuelta la última página, se disfruta por unos minutos el final, y de pronto, cae la verdad como una epifanía: se terminó. 
Me dirán que se soluciona volviendo a leer. El libro sigue ahí, en nuestras manos! Pero no, no es lo mismo. Conozco bien la sensación de llegar a la contratapa llorando, y ahí nomás, antes de secarme la cara, darle la vuelta y volver a empezar.  Pero ya no es lo mismo. 
Si antes se era parte de la historia, ahora se es un fantasma en un mundo que ya es ajeno. A veces, si pasan los años y uno empieza a olvidar, es posible recuperar en parte algo de esa lectura inicial. Si se tiene la maldición de la buena memoria, no hay esperanzas.
Lo más duro, es volver a la vida real. Vida real? Ese horror donde la heladera rechina, el perro viejo ronca, las palomas hacen ruido en el taparrollo de la ventana? Ese mundo de despertadores, paradas de colectivo y rutinas? Y lo que es aún peor, donde no hay dragones, elfos, magia? Terrible. Si terminé de leer de noche, me cuesta dormir del impacto nomás.
No es como cuando aún se está leyendo. En ese interín, se puede transitar por la vida de los mortales, pero la cabeza está en el otro mundo; se es un fantasma en este. Cada tarea cotidiana es un trámite que terminar para poder volver a la lectura. Ahora, es como si esos personajes amados hubieran muerto un poco, aunque el autor haya tenido la piedad de dejarlos vivir. Ya no caminan con nosotros al kiosko, no nos acompañan en el colectivo.
Es terrible terminar un buen libro. Ni hablar si es el último de una saga. O lo último que nos queda por leer de un autor amado. Un buen libro puede ser letal.
Sólo nos queda una pregunta. Y ahora, qué leo?




Blend para leer de noche

Cuando siento que se aproxima el final de un buen libro, me preparo un buen té, me acomodo bien en la cama, y me rodeo de tantos gatos como pueda. Si además hay chocolate, mejor.
Ojalá este blend los ayude con sus lecturas letales.

Para una tetera grande:
- 2 cditas de té negro en hebras
- 2-3 cápsulas de cardamomo
- 1/2 cdita de anís (semillas)
- 2 o 3 semillas de pimienta negra, enteras
- una pizca de gengibre rallado
- un trocito de canela en rama
- 3-4 gotas de esencia de vainilla

Colocar las hebras y semillas en un infusor o colador fino, y reposar 4 minutos en agua a punto de ebullición. Una vez retirado, agregar a la tetera las gotas de esencia de vainilla.

1 comentarios:

Ananke dijo...

Precioso. Me hiciste llorar. Es todo cierto. Vivimos y morimos muchas veces al leer. No tiene precio. Y nunca volverá a ser como la primera vez. Igual es en el cine, en la televisión o cualquier medio que nos cuente una historia. Leer es un placer y una crueldad a la vez.
Te felicito por tan inteligentes y bellos pensamientos.

Publicar un comentario