Esta receta es tuya. Siempre lo fue. Los muffins eran asunto tuyo. Tu recuerdo huele a esos muffins calentitos, recién salidos del horno, que no querías que tocara hasta que los terminaras de decorar. Me duele el alma recordarte. Se me apaga la voz, se me cierra el mundo. Me corre algo por la cara, y tardo en darme cuenta que son lágrimas. Pero de a poco, lloro y río a la vez. Algún día, supongo que sólo reiré. Eso quiero creer. Pasaron como muchos meses, pero para mí estabas acá ayer. Me cuesta planear cosas y no incluirte a vos también, como antes, como siempre. Supongo que no termino de asimilar que no estás, que ya no vas a estar. No sé si lo podré hacer algún día. Es la clase de cosas a las que, en realidad, no quiero acostumbrarme. Es tan raro ir a comprar un sinsajo, y que no sea para vos. Es tan raro usar las chalinas que te regalé. Son como pequeños talismanes de vos, y a la vez, el recuerdo amargo de que no estás. Hoy, como casi todos los días, necesito de tus muffins mágicos para mi corazón triste.
Ingredientes
- 1/2 kg de harina leudante
- 4 huevos
- 220ml de aceite
- 220g de azúcar
- 1 cdita de polvo para hornear
- 1 cdita de escencia de vainilla
Opcionales
- 1/2 taza de chocolate para taza, derretido
- chips de chocolate
- Arándanos
- Frutas rojas
- nueces o almendras
En un bowl, unir los huevos, aceite, azúcar, esencia de vainilla. Agregar el polvo para hornear, y la harina en fina lluvia. Para hacer de chocolate, agregar en este paso el chocolate derretido.
Verter en pirotines, no llenando nunca más de 2/3 del molde. En este paso, se pueden agregar los chips de chocolate, frutas, nueces, almendras, etc.
Para evitar que se deformen, conviene colocar los pirotines en un molde para muffins de silicona, o en moldes de aluminio.
Hornear 20-30 min en horno moderado a fuerte, o hasta que al meter un cuchillo salga limpio.
Por encima, se pueden untar en dulce de leche, y espolvorear con coco rallado, o con chispitas, o con chips de chocolate.
Cuando te conocí, estaba convencida de que era incapaz de esas cosas. Vos sabés de qué cosas te hablo: esas cosas tiernas, cursis si se quiere. Esos códigos secretos entre dos, esos mensajes que, vistos de afuera, parecen una locura, pero para nosotros, lo eran todo. Me acuerdo que, en cierta medida, te había contagiado mi locura por las plantas y flores. Tu colegio quedaba a pocas cuadras del mío, pero salíamos a distintos horarios. Casi a medio camino entre uno y otro, había en una vereda uno de esos árboles que eran nuestros: un cerezo. Tenías la costumbre de pasar por ahí temprano por la mañana, y dejarme, en una rama, un regalo escondido. A veces, era una carta. Otras, un palito para el pelo que habías tallado a mano. Otras, una pluma encontrada por ahí. Mis regalos, casi siempre, eran cartas. A veces, en inglés. Otras, en caracteres que sólo nosotros podíamos leer. Había una especie de árbol de la que yo no sabía el nombre, y que te encantaba. Lo bautizamos juntos, con un nombre inventado, pero que sonaba casi real. Probablemente no lo sepas, pero nunca llamé a ese arbolito de otra manera, y, pese a los años, me tomé el trabajo de nunca saber su nombre real. Para mí, ya lo tiene, y no lo conoce nadie más. Con vos me volví lo que mis amigas llamaban "basurera sentimental"; guardaba TODO. El papelito con esa poesía mala del dos corazones que me diste esa tarde. El boleto de colectivo del día del paseo ese tan lindo. Las entradas al cine de la peli que nos gustaba, el papel de caramelo del día de nuestro "cumplemes". Para ordenar toda esa parafernalia, un día me regalaste una agenda. Originalmente, era sólo un cuaderno, pero habías pintado la tapa de mi color favorito, armado una cinta del mismo color como señalador, y marcado, página por página, todos los días del año. Recuerdo llenarla de esos stickers que me regalabas, anotar minuciosamente todas nuestras peripecias de cada día, y pegar al lado, la "basurita sentimental" correspondiente. Creo que todas esas cosas tienen el sentido que uno les da, dado que naturalmente, por sí mismas no eran nada. Tal vez por eso un día descubrí que anotar los mensajes de texto que me escribías en las últimas páginas de la agenda era más una obligación que un recuerdo. En algún momento, llevar la lista de pelis que habíamos visto juntos sabía más a trabajo que a lo que sea que sabía antes. En algún momento, no logro precisar cuál, lo tierno se volvió cada vez más amargo. Supongo que por eso, el Lemon Pie me trae tu recuerdo, dulce y ácido, merengue y limón.
Ingredientes
Para la masa:
- 200g de harina
- 100g manteca
- agua, cantidad necesaria
Con la manteca fría y la harina, armar a mano una arena. Incorporar poca agua bien fría, hasta lograr una masa uniforme y que no se pegue al tacto. Estirar con un palote, y pasar a una tartera enmantecada y enharinada. Pinchar la masa con un tenedor para que no se infle al cocinar. Llevar a fuego moderado por 15-20min o hasta que se seque.
Para el relleno:
- 1 taza de azúcar
- 1cda de manteca
- 1 taza de agua
- 1/2 taza de jugo de limón
- 4 yemas
- 1 chorrito de leche
- 3 cdas de maizena
En una olla, mezclar a fuego suave el azúcar, manteca, agua, y jugo de limón. Batir las yemas con la leche e incorporar. Espesar con la maizena, previamente disuelta en dos o tres cucharadas de agua fría.
Antes de que se enfríe, verter sobre la masa. Dejar enfriar media hora.
Para el merengue:
- 4 claras
- 1 pizca de sal fina
- 3 cdas de azúcar
Batir las claras con sólo la sal. Esto permite llegar más fácilmente a punto nieve y adquirir mayor volumen. Una vez listo, incorporar el azúcar con movimientos suaves y envolventes, para que el merengue no se baje.
Utilizar en el momento para cubrir el relleno de la tarta. Colocar usando una cuchara grande, tirando con firmeza cucharas de merengue y formar picos.
Llevar a horno al mínimo, y en lo posible, entreabierto por 20 a 30 min, o hasta que el merengue se seque y dore.
Servir bien fría.
Cuando escucho esta canción de Vangelis, pienso en falafel.
No, no es una asociación burda ni carente de profunda emoción y sentimiento.
Avión. Mi primer viaje en avión. Bueno, más bien el segundo; el primero, había sido horas antes, catorce horas de vuelo para cruzar el atlántico. Para el que alguna vez hizo un viaje en avión de este tipo, sabe de qué hablo: en sí mismo, ya es una experiencia mística. Ver el mundo desde arriba de las nubes, ver cómo se abren y muestran un continente desde arriba, la sensación de que uno está inmóvil, y es el mundo el que se mueve... Para el segundo viaje, ya necesitaba dormir un poco. Me tocó un asiento en la fila de a tres, justo en medio de una pareja mayor. Me ofrecieron el asiento de la ventana, para viajar juntos. Obviamente, acepté. Después de unas horas, el cansancio y el baileys que venía tomando me vencieron, y puse en el ipod mi playlist para dormir. (este es un buen momento para darle play al video, si aún no lo hicieron). Me despierto. Suena Vangelis. En la bruma del sueño, miro por la ventana. Es de noche. Primero, veo sólo oscuridad. Luego, hacia adelante, aparece una línea de lucesitas amarillas, que recortan la línea costera del mar y de la noche. Entiendo que estoy viendo, por primera vez en mi vida, Eretz Israel. Es la tierra de mis antepasados, de la historia de mi pueblo. Es la tierra de Moisés, de Sarah, Raquel, Lea. Es la tierra de los sobrevivientes de la Shoá (el holocausto). Es la cuna de la humanidad. Miles de almas vivieron y murieron allí, para que, siglos después, yo viviera y pudiera pisarla. La viejita de al lado me alcanza amablemente un pañuelo. En un inglés rudimentario, me pregunta "la primera vez, no?". "Sí", le respondo, de pronto consciente de que estoy llorando. "A todos nos pasa las primeras veces". Me doy cuenta de que, seguramente, ya ha tomado este vuelo una docena de veces. Sin embargo, sus ojos también están vidriosos. Termina la canción. Aterriza el avión.
Falafel Estilo Israelí
En Israel, el falafel se vende en la calle, como quien vende panchos o choripanes. En todo centro urbano o comercial que se precie, hay al menos un puesto de falafel. También venden shwarma de pavo, pero cuando uno anda de viaje y ahorrando cada shekel, esta es la opción ideal. Rico, nutritivo, portátil, versátil, y apto para los amigos veganos.
Ingredientes
- 1/2 kg de garbanzos secos, remojados desde la noche anterior
- 2 dientes de ajo
- Una cebolla mediana
- Pan rallado, una taza
- 1 sobre de levadura en polvo
- Pimienta negra
- Comino
- Perejil
- Sal
Escurrir los garbanzos, y procesar hasta romperlos un poco. Añadir los dientes de ajo, la cebolla ya picada, el perejil, la levadura y los condimentos a gusto. Procesar, y de ser necesario, agregar un poco de agua para lograr una crema espesa.
Se deja reposar al menos 1h en la heladera para que tome cuerpo.
Armar bolitas del tamaño de una cucharada colmada, como quien arma albóndigas, y pasarlas por el pan rallado.
Freír sumergiéndolas en el aceite a fuego fuerte. Una vez doradas están listas.
En Israel, se sirven en un pan pita (acá le decimos pan árabe) abierto por la mitad, donde se coloca primero hummus (pasta de garbanzos) o tahini (pasta de sésamo), lechuga o rúcula, cebolla y tomates picados, queso en hebras... en fin, lo que se les ocurra.
Siempre supe que eras como el pan. En vos, la expresión no exageraba nada. Recuerdo despertar por las mañanas (digámosle mañanas), y sentir el olor del pan. Solías despertarte mucho antes que yo, y en tu bondad, amasabas el pan para mí, para los dos. Era una maravilla despertar con el pan recién horneado, pero mayor maravilla eras vos, con mi delantal puesto y cubierto de harina de la cabeza a los pies. Esos fines de semana en que venías a verme eran la gloria. Nuestro pequeño mundo se reducía al espacio que ocupábamos los dos, y las decisiones, a qué gustos de panes amasar. Sé que terminamos mal. Sé que fui una tormenta de furia y desamor. Es que mezclamos todo, y el límite se desdibujó. Y un día te descubrí alejándote, y la locura me ganó. No te confundas, no me olvido, ni me arrepiento de nada de lo que pasó. Pero pienso que lo nuestro, como todo ciclo, sencillamente encontró su fin. Hoy, prefiero recordar los panes de ajo y las horas que pasabas consolándome. Los panes de orégano, y las películas que veíamos juntos. Los panes de pimentón, y tratar de hacer entrar nuestras soledades en un sólo colchón. Los panes de queso, y los momentos de encuentro, y lisa y llana felicidad. Hoy, vuelvo a amasar esos panes, pero dejando lo demás atrás. Me quedo con el recuerdo de nuestro amor de pan saborizado. Ojalá seas feliz, y sigas siendo como el pan.
Panes Saborizados
Ingredientes
- 1/2 kg de harina 0000
- 1 sobre de levadura seca
- 3 cditas de azúcar
- 5 cditas de sal
- 50g de manteca a punto pomada
- aprox. 1 taza de agua tibia
Colocar en un bowl grande la harina, e incorporar el azúcar, sal y levadura. Agregar la manteca, y la mitad del agua, y empezar a amasar. De a poco, ir agregando el resto del agua, hasta lograr una masa uniforme y que no se pegue.
Separar la masa en bollitos, y dejar leudar por media hora.
Volver a amasar los bollitos con alguno de los siguientes agregados:
- 1 diente de ajo fresco picado o cdita de ajo seco
- 1 cdita de pimentón dulce
- 50g de queso (en mi opinión, el Mar del Plata es la mejor elección)
- 50g de salame o jamón picado
- un puñado de semillas (ej, girasol, lino, sésamo, amapola)
- orégano o tomillo, 1/2 cdita
Y otras variantes que se les ocurran.
Poner al horno medio en una fuente enharinada, y cocinar hasta que se doren.
Antes de meter al horno, se los puede pintar con huevo.
El judaísmo es, ante todo, una religión llena de comida, abuelas cocineras, tradiciones de la mesa y de qué y cuándo comer. Dice en alguna parte de la Torah: "no hay festejo sin comida y vino". Amén a eso. "Como papas para varenikes" no sólo es el nombre de un libro de cocina judía y cuentos afrodisíacos (sí señor, cero tabúes, esto no implica controversia alguna para el judío moderno), es la versión de la cole de la famosa frase "como anillo al dedo". Es que la papa es el ingrediente fundamental de esta receta. El varenike es una institución en sí mismo. Y como toda institución moishe, "donde hay dos judíos, hay tres sinagogas". Ergo, nos gusta discutir todo. Así, si bien el plato tiene numerosas variantes, la bondadosa papa es la constante. Tanto es así, que los propios knishes, famosos de este lado del mundo, no son más que varenikes al horno (Adonai me perdone semejante afirmación apócrifa.... pero el que los probó, y preparó, sabe que es cierto!). Mi Bobe (abuela) me preparaba ambas cosas, y la preparación en sí, ya fueran los unos o los otros, era un festejo en sí misma. La cocina de la bobe era el alma de la casa. Es donde ella, y toda visita que se precie, pasaba la mayor parte del tiempo. La vieja se preparaba el mate, y se ponía a cocinar. Si uno se portaba bien, la abuela te dejaba participar, y te enseñaba los misterios de la cocina. Así se forjó mi pasión por la misma (y la de mis hermanas), y sobretodo, por la comida! Comida que siempre fue alimento y cultura. Hoy en día, no puedo sentir el olor de varenikes, knishes y muchos otros platos tradicionales, y no pensar en la bobe. Mujer de pocas palabras, pero toda una matriarca para su familia. Esta semana se la recuerda en el Kabalat Shabat, oficio religioso del inicio del sábado (cosa que viene a ser el viernes por la nochecita), y si bien voy a ir con mi familia a decir Kadish por ella, puedo afirmar que la recuerdo seguido.
Con ustedes, los Varenikes de la Bobe.
Ingredientes
- 1kg de papas
- 1/2 kg de cebollas
- Tapas para empanadas de copetín
- Un chorrito de leche, a ojo
- 1 cucharada de manteca
- Una pizca de sal
- Una pizca de pimienta o nuez moscada
- Opcional: queso rallado.
Dorar la cebolla, cortada pequeña. Con las papas, preparar un puré suave, incorporando la manteca y leche. Cuidado de no pasarse para que no quede chirle. Condimentar, agregar la cebolla, y dejar enfriar. En este punto se puede agregar al relleno el queso rallado.
Armar los varenikes usando una cucharada de relleno por cada tapita, cerrándolas en forma de medialuna, y uniendo luego las puntas.
Dejar al menos 1h en la heladera. Hervir como quien hierve sorrentinos.
Servir con crema, y como opcional, con cebolla dorada o perejil fresco.
(Sí, la imagen no es mía, pero está TAN linda!)
En lo posible, servir en buena compañía, y brindar con un L'Haim (por la vida!).
Edit:
Versión 2: Knishes.
Misma receta, pero en vez de hervir, se mandan al horno hasta que se doren. Se acostumbra cerrarlos en forma de "nidito":
Se los puede pintar con huevo, pero de nuevo, es opcional. Lo importante es hacerlos con amor <3.
Nunca me va a salir como a vos esa maravillosa mayonesa de atún. La mayonesa de atún era más que una comida; era tu expresión artística y familiera a la vez. Era llegar a casa agotada, destrozada, y que me recibieras con un "Tenés hambre? prendeme el fuego, te hago una mayonesa de atún". Y no había dos recetas iguales. Un día, se te dió por ponerle aceitunas. Otro, una pizca de mostaza. Pero siempre sabía a cariño de hermanas, a agasajo, a cura para el alma. Eso sí: pobre del que se atreviera a meter tenedor antes de que dieras el veredicto de que estaba lista. Ahí se te notaba el carácter. No puedo pensar en esa mezcla y no pensar en vos, en toda vos, en esos ratos juntas. Te extraño tanto, a vos, y a tus mañas. No me retes, está bien que llore cada tanto. y también, qué querés! si la mayonesa de atún no me sale como la tuya! Pobre Adonai, allá arriba, no lo debés dejar en paz. "Dale, gordo, prendeme la hornalla, tenés cara larga hoy, yo sé qué es lo que necesitás: una mayonesita de atún. Hay hornallas acá, no? te mato si no hay".
Receta Tentativa
Ingredientes
- 1 lata de atún
- 2 o 3 huevos duros picados
- mayonesa
- queso untable
- mostaza
- sal
Opcionales
- aceitunas picadas
- pepinillos agridulces picados
Mezclar los ingredientes, en cantidades a gusto y criterio, hasta obtener una crema homogénea.
Untar en panes, galletitas, etc.
Convidar a los seres queridos, sobretodo si tuvieron un mal día.
Éramos chicas (creíamos que no), y corríamos por ese campo tan lindo como si la vida fuera sólo eso, sólo ese instante. De día, olor a caballo, a pasto, a libertad. De noche, olor a luna, a lluvia, a flores. En la casa, vestida de tradición, La Madre cocinaba. El olor a la tarta de avena llenaba el mundo. La amistad sabe a trata de avena.
La Gran Tarta
Para la masa:
- 1 taza de harina común
- 1 taza de harina leudante
- 1 taza de avena instantánea
- 3 cdas soperas de azúcar
- 2 cditas de sal fina
Unir. Incorporar 150ml de aceite y 100ml de agua.
Amasar hasta formar una masa elástica.
Estirar en una tartera sin enharinar, y cocinar a horno medio por ~20 min, o hasta que endurezca la masa, sin dorarse.
Para arriba:
Armar una mayonesa de atún o caballa a gusto (Pescado triturado, mayonesa, queso crema, limón, etc).
Decorar con vegetales a gusto y huevo duro.
Mis favoritos:
- Zanahoria rallada
- Rúcula
- Lechuga (con mayonesa)
- Rabanitos (ya pasados por salmuera y condimentados)
- Choclo amarillo
- Brócolis hervidos
Si se pone a los amigos a procesar las verduras, la tarta sabe mejor. Siempre.
Me gustan las canciones de letra alegre y música triste.
Ésta es un ejemplo ideal.
Existe la nostalgia del futuro? Nostalgia retroactiva?
Escucho esta canción, y no puedo evitar pensar "algún día...".
Ojalá te encuentre algún día.
Mientras tanto, escucho a Adele y bajo la pena con azúcar (qué mejor?).
Joul's Cake-in-a-mug: versión frutal
(En realidad, es un engaño; uso una cazuela de barro. Sean creativos)
Batir en una taza:
- 1 huevo
- 2 cdas colmadas de azúcar
- 2 gotas de esencia de vainilla
En otro recipiente, entibiar en el microondas para derretir y unir:
- 1 cda de manteca
- 2 cdas de alguna mermelada de su gusto (a mí me gusta usar de maracuyá)
- y 2 cdas de queso untable.
Unir ambas mezclas en el recipiente a utilizar, y agregar 3 cdas de harina leudante. Si es ultra refinada para repostería, mejor. Poner en el centro del plato del microondas, y cocinar por 2-3 minutos en máxima potencia.
Tener en cuenta que leuda, y por lo tanto, antes de cocinar la mezcla no debe ocupar más de 1/3 del recipiente.
Añadir por encima una cucharada extra de mermelada, y acompañar con un rico té.
Si lo hacen escuchando a Adele, procurar esconder los cuchillos y todo objeto corto-punzante.
Hay días que, de la nada, te recuerdo. Te recuerdo sin el dolor, sin la angustia, sin todas las cosas que no debimos haber hecho y dicho. Te recuerdo sin tus faltas, sin tus errores. Te recuerdo sin tu traición. Esos días, (casi) extraño de vos algunas cosas. Casi extraño el olor de tu pelo. Casi extraño tu locura, y las locuras que me decías. Casi extraño la manera en que recitabas poesía y me contabas cuentos. Casi extraño esas noches en el techo de casa, mirando las estrellas y sintiendo juntos la tragedia de la vida. Oh, qué felices éramos en la tragedia! Felices a nuestra manera. La alegría no evoca las expresiones más bellas del arte, y en ese entonces, la tragedia dulce nos inspiraba. Recuerdo las noches de pintura y jazz. Las noches de dibujo en el bosque. Las noches de cappuccino y radioteatro. Este cappucciono de hoy, te lo dedico a vos. Por los (buenos?) viejos tiempos. No temas, esta vez, no tiene cianuro. Creo.
Cappuccino Nostálgico - Receta
Para preparar 1 taza
- 2 cditas de café instantáneo
- 2 cditas de azúcar
- 1/2 cdita de canela en polvo
- 1 cdita de agua
Batir.
Completar a 1/2 de taza con agua hirviendo.
Agregar 2-3 cucharadas de amaretto, almendras (o nueces) picadas pequeñas, y cáscaras de naranja en fina juliana. Finalizar con una cucharada colmada de crema batida.
Beber junto a la ventana, de trasnoche, mirando el cielo estrellado, y recordando viejos amores.
Si se lo prepara para un ex, aderezar con un poquito de cicuta.