Servir mate, es cebar.
Cebar mate es todo un rito, y para cada pueblo de nuestro país (y alrededores), hay un método distinto.
Del té nos encanta hablar (y tomar), pero para el rito de servirnos té, no tenemos una palabra. Me dirán que porque el mate es comunitario, y el té no. Ahá. Y quién no se ha sentado solo, alguna noche, a leerse un módulo de la facu y bajarse un termo entero de mate? Quién me puede discutir que el té, en su origen, no es parte de un hábito comunitario, de servir para otros?
Cuando estoy sola, he de admitir, recurro con mayor frecuencia al saquito de té, que tiene el buen gusto de permitirnos preparar una taza de lo que nos venga en gana. Pero cuando estoy con amigos, pelo las teteras más lindas, abro mi alacena y armo un blend para cada reunión.
Tengo una amiga que, si bien disfruta de mis tés, me hace tomar mate como nadie.
"Gorda, poné la pava, que voy para allá y te tengo que contar un culebrón de laaaaargo...." o "preparate, que este finde voy para allá y te voy a enfermar de mate" es de las mejores amenzas que puedo escuchar.
La verdad, se cuenta con un mate de testigo.
Otra excepción a mi regla del té, es uno de los personajes que más agradezco que se haya cruzado por mi vida. Como mi amiga de los mates, es de esas personas que, a los 5 minutos de estar hablando, no podés entender cómo no te conocés con ellos de toda la vida.
Este personaje, a quien me doy el lujo de llamar amigo, no es lo que aparenta. Viene disfrazado de Indiana Jones de las pampas, con su sombrero verde de ala ancha -con pluma y todo-, sus infaltables tiradores, y el mate bajo el brazo. Mate que lleva, indefectiblemente, a todos lados. Cuando lo mirás a los ojos, si mirás bien, podés ver la verdad: en realidad, es un dragón disfrazado. Y cuando el dragón te mira, no ve tu disfraz, sea cual sea, sino a quien realmente sos. Aunque ni vos lo sepas, como es mi caso. A veces quiero creer que soy más bien salamandra, aunque más no sea para ser un primo lejano del dragón. Él sabrá.
El punto es que el mate es sagrado. Y en el fondo, si se lo mira medio de costado, es medio pariente del té.
Como del mate no hay receta (o mejor dicho, hay miles), me descargo con una trenza de jamón y queso para acompañarlo. Para los idishes, digámosle pastrón. Shhhh.
Trenza herética de Jamón y queso
Ingredientes
- 50g de azúcar
- 10g de levadura seca
- 500g de harina común
- sal, pizca a gusto
- 150ml de leche
- 50g de manteca
- 3 huevos
Precalentar el horno. Batir los huevos con la manteca derretida y la leche. Separar una cucharada de esta mezcla, agregar 1cda de azúcar, batir y apartar. Mezclar en otro bowl azúcar, levadura, harina y sal. Incorporar a la mezcla en forma de fina lluvia. Mezclar hasta obtener una masa firme y amasable, que no se pegue a las manos. De ser necesario, agregar harina.
Pasar el bollo a la mesada y estirar con palote. Llevar a forma rectangular. Lo ideal es un grosor de poquito menos de medio centímetro.
Con una cuchilla, marcar (sin cortar), dividiendo en 3 secciones iguales, verticalmente.
A las dos laterales, cortarlas en forma de cintas, a 45 grados de la línea central. Estas formarán las cintas de la trenza.
En esta imagen se ven las tiras laterales ya cortadas.
La tira central está pintada con mostaza.
En el centro, colocar ingredientes a gusto. Pueden ser daditos de queso mar del plata o mozzarella, jamón u otro fiambre en cubitos, champignones, morrones, verdeo, etc. A mí me gusta pintarla primero con mostaza, y luego rellenar com jamón y queso.
Ahora, a "trenzar". Se tomas las cintas de los bordes, desde arriba, y se cruzan sobre el relleno, de a una de cada lado por vez.
Si quedan excedentes, cortarlos. Sirven bien para cerrar los extremos y que no escape el queso.
Luego, con lo que apartamos de la mezcla de huevos, leche, manteca y azúcar, pintamos la trenza. Y al horno se ha dicho. Lo ideal es temperatura media. La cocción toma entre 20 y 30 min. Es importante vigilar que la trenza no se queme de abajo. Por lo general, una vez dorada está lista.
Salida del horno, debería verse así:
Como no tengo fuente rectangular, corté mi trenza en dos.
Sí, todo esto salió de una sola receta. RINDE.
Dejar enfriar un poquito, cortar y servir. Lo más importante, es acompañar con mate y buenas juntas.
1 Adonái es mi pastor, nada me faltará.
2 Él me hace descansar en verdes praderas;
me conduce junto a aguas tranquilas.
3 Él restaura mi alma;
Me guía por sendas de justicia en honor a Su Nombre.
4 Aún si anduviere yo por el valle de la sombra de la muerte,
no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo;
Tu vara y Tu cayado me consolarán.
5 Tú prepararás una mesa para mí ante mis enemigos;
has ungido mi cabeza con aceite y mi copa está colmada.
6 Sólo bondad y misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
y yo he de morar en la Casa de Adonái por muchos largos años.
1 Mizmor LeDavid. Adonai roi lo ejsar.
2 Binot deshe iarbitseni al mei menujot inahaleni.
3 Nafshi ishovev ianjeni bmaglei tsedek lemaan shemo.
4 Gam ki eléj beguei tsalmavet. Lo iirá ra ki ata imadii shivtejá umishantejá hema inajamuni.
5 Taaroj lefanai shuljan neguéd tsorerai dishantá bashemén roshi kossi revaiáh.
6 Áj tov vajéssed irdefuni kol imei jaiai veshavti beveit Adonai leoréj iamim.
Nuestra Shamash
“El mejor monumento por alguien que ha marchado del Mundo, es que queden familiares o allegados que cumplan más y mejor con los preceptos, en honor al ejemplo dejado por el que murió a esta vida, pero no a la eternidad.
No sólo una lápida de piedra, sino un monumento de vida, todos los días de la vida.” Y. Ribco.
El pasado domingo 14 de diciembre inauguramos el monumento en memoria de Annie.
Más allá de los rezos tradicionales, de nuestro Kadish en su memoria, de las lágrimas y consuelos de amigos y familia, quiero rescatar unas bellas palabras de nuestro jasán.
Hanuka es, para el judaímo, una de las celebraciones más importantes del año. El elemento más simsólico es la januquía, el candelabro de nueve brazos. Cada una de las 8 velas representa uno de los 8 días de hanuka. La novena vela, es la que se usa para encender las otras. Se llama Shamash.
Como el jasán dijo acertadamente, Annie fue nuestro Shamash. Encendió una luz imperedecedera en nuestros corazones, haciéndonos herederos de su fuego y un monumento en vida de su obra en esta tierra. Nuestro Fénix ha vuelto a las cenizas de las que venimos, pero sus llamas de Sinsajo arden en todos nosotros. Como reza su placa, fuiste brote, ahora eres raíz.
Latkes de Papa
Los latkes son una comida típica de hanuka. Son una especie de buñuelos fritos. El aceite es ingrediente principal de la comida de esta fiesta, rememorando el milagro del aceite de las luminarias.
Cuenta la historia que originalmente los latkes llevaban queso, y que se comían en honor a Iehudit, una valiente heroía que con valor, ingenio y queso salvó a su pueblo, Betulia, de la invasión del general griego Holofernes (año 164 a.e.c).
Holofernes había llevado a los judíos de Betulia al borde de la muerte, tomando su única fuente de agua. Cuando estaban por rendirse, Iehudit dió un paso al frente, y pidió ver al general. Cautivado por su belleza, la invitó a una cena a la luz de la luna. Iehudit acepta a ir, pero no a comer, dado que lo que servía no era kasher, pero lo acompaña de todos modos. Eso sí: llevaba su propia comida, y una gran jarra de vino. Durante la cena, se mostró cortés y servicial, ofreciéndole quesos salados y vino de su jarra pasa saciar su sed. Tras mucho queso, mucha sed, y mucho vino para saciarla, Holofernes cae dormido. Y Iehudit demustra tener habilidad para la espada, decapitándolo y salvando al pueblo. Dice la historia que caminó tranquilamente al pueblo llevando la cabeza en la jarra, y que al llegar, sus compañeros colgaron la cabeza del general de la muralla. Asustados al verlo, los soldados griegos huyen a la mañana siguiente.
Qué tiene que ver el salmo 23 con Iehudit, la heronía decapitadora amante del queso? Los que conocieron a Annie lo van a entender.
Con ustedes, la receta de los Latkes.
Ingredientes
- 4 papas chicas
- 1 cebolla mediana
- 4 puerros (opcional)
- 1 huevo
- aceite
- sal y pimienta a gusto
Pelar las cebollas y picarlas, junto con los puerros. Batir el huevo junto con la sal y pimienta. Pelar las papas al final, y rayarlas. Esto es para evitar que se ennegrezcan. Recomiendo usar procesadora en vez de rayador de mano, facilita muchísimo la cuestión. Unir todo, hasta lograr una mezcla uniforme. En caso de ser necesario, agregar un hevo más. La consistencia no debe quedar firme.
Calentar la sartén con un poco de aceite, y colocar la mezcla con una cuchara, formando buñuelos. Cocinar de ambos lados hasta que se doren bien. Tinene que quedar unos discos finos, crocantes por fuera y ligeramente suaves por dentro. Una vez listos, me gusta hecharles queso en hebras por encima, en honor a Iehudit.
No tengo una receta muy acorde a esto. Si pudiera, sería un insecticida para mariposas estomacales.
En su lugar, las voy a aplacar con un té. Tal vez las duermo o algo.
Blend para Mariposas Estomacales
(o papillion estomacalis, para llamar a las muy guachas por su nombre cinetífico)
Para una tetera mediana:
- 1 cdita de té blanco en hojitas
- 2 o 3 hojas de hiervabuena fresca
- 1/2 cdita de trocitos pequeños de cáscara de limón
- 1/2 cdita de semillas de anís
- 1/2 cdita de té de jazmín
Colocar hebras, hojas, cáscara y semillas en un inufusor. Verter agua a 90° (si no se tiene termómetro, retirar la pava del fuego cuando empieza a producir un sonido de silbido). Reposar por 2-3 minutos y servir.
La cagada de las relaciones fallidas, es la sensación casi inlavable de futilidad. Llega un punto en que se te llega a pegar, la llevas como una segunda piel, o peor, como una armadura.
"Yo ya lo viví", "esto ya me pasó", "en esta no caigo más", "para qué, si me va a cagar, como todos".
Y así vas por la vida. Quemado. Por las relaciones, por las personas, por las etiquetas. Llega un punto en que no querés más, porque "más" implica más de lo mismo.
De a ratos, te pega la nostalgia. Era lindo confiar, creer, soñar. Era lindo no dejar un pié afuera, no tener un plan de respaldo, no mirar por encima del hombro a cada paso, esperando el puñal. Era lindo antes.
Sin embargo, la armadura viene con un accesorio más: la firme creencia de que nunca más te va a volver a pasar. Los príncipes azules destiñen, todos mienten, el amor es un número imaginario.
Y así vas, más que viviendo, sobreviviendo en la resignación.
...pero.
Pero un día, de la nada, te pega cual patada voladora a la cabeza.
Alguien, por algún motivo, te despertó esas mariposas forras que creías extintas desde la secundaria o la última glaciación.
Ojo, no lo admitís. Ni a gancho. No way. Yo así estoy genial, para qué me voy a enroscar, si al final siempre sufro, seguro se me pasa, debe ser culpa de esta indigestión de miércoles.
Pero no se te pasa nada.
Ataca cuando estas desprevenido, con las defensas bajas. Una mañana, es un canturreo de algo que, por algún extraño motivo, no habla de corazones rotos y gente chota, y que para cuando te das cuenta, llevas varias horas cantando. Otro día simplemente se te dio por caminar, y por más que haga un día horrible, todo te parece precioso. O te toca un domingo que parece viernes, donde no se asoma ni un poquito de Adele y bajón.
Llega un punto en que uno tiene que ser honesto con uno mismo.
Ok. Estoy hasta las bolas. Malo.
Pero puedo sentir esto que creí muertísimo, producto de una mente cargada de hormonas adolescentes. Bueno. O algo así, supongo.
So... Y ahora? Y ahora qué cornos hago?
Me siento una pelotuda. A pedal. Pelotuda mal. Si me distraigo por ahí hasta granos de púber me salen, ya que parece que tengo 15 de nuevo.
Lo terrible es no saber qué hacer. A ver. Ya estamos grandes. Ya hicimos de todo. Como maneja esto la gente adulta? Civilizadamente. Se sienta y lo habla. Ja. Prefiero ser pendeja, gracias. Prefiero planear como una enferma esas historias de película o de novela romántica, de esas que jamás voy a admitir que ví y leí, y menos, que me gustaron.
Es que menos que eso ya no es suficiente. Para hacer cagadas, más vale hacerlas bien.
Y ahí vas. Te convertís en stalker profesional. Sutilmente, encontras excusas para hablarle. Lo pones a prueba, preguntando esas huevadas que para vos, son súper importantes. Porque al fin y al cabo, ya está. Ya sabés lo que es sufrir. Ya te estrujaron el corazón, ya sabés lo que es ser un muerto en vida, una cáscara vacía, un atado de decepción. Y sobreviviste. Sabés que, en el peor de los casos, vas a volver a levantarte, como siempre, y por muy malo que sea. Al fin y al cabo, si no es para apostarlo, para qué lo tenés? Y más de lo que perdiste ya, no puede perderse...
...No?
Galletitas contra la duda existencial
Para la ansiedad de lo incierto, nada mejor que unas buenas cookies, y que en lo posible, no enchanchen tanto. No digo que sean light, pero tienen tan poca manteca que se pueden comer sin tanto cargo de consciencia.
Ingredientes
- 1 huevo
- 50g de manteca a punto pasta
- 50cc de aceite
- 1/2 taza de harina leudante
- 1 y 1/2 tazas de avena instantánea
- 1/2 taza de azúcar negra
- 1/4 taza de azúcar blanca
- 1 cdita de esencia de vainilla
Batir el huevo, junto con la manteca y el aceite. Incorporar el azúcar negro y blanca, y la esencia de vainilla. Agregar los opcionales que se quiera utilizar, y mezclar bien. Incorporar el harina primero, y la avena al final. Dejar 15-20min en la heladera. La consistencia final debe ser firme, casi amasable. Colocar de a una cucharada sobre una placa de horno aceitada, dejando bastante espacio, dado que al calentarse se estiran bastante. No es necesario darles forma ni amasar.
Cocinar en horno precalentado, de medio a bajo. Según el calor, la consistencia final varía de esponjosa a crujiente, y con un poco de práctica, se puede regular a gusto.
Opcionales
- Cacao en polvo
- nueces picadas
- canela en polvo
- jengibre rallado
- pasas de uva
- chips de chocolate
- pimienta negra molida
- un chorrito de amaretto u oporto
Tengan en cuenta que, si agregan espirituosos, es necesario agregar una pizca más de harina, para que la mezcla no quede chirle por el líquido extra.
Mi combinación favorita: mucha canela, 1 cdita de jengibre, una pizca de pimienta, nueces y un chorrito de amaretto.
Me agarró
otra vez. La puta madre. Cada vez que lo creo superado, vuelve. Me agarra
desprevenida, me puede. Otra vez la amnesia. Me doy cuenta …cuántos? Cuatro? Cuatro
días más tarde, decís? Y, debe ser. Qué día cayó? Ni idea. Qué hice yo? Ni
idea. Supongo que luchar contra la gravedad inconmensurable de la cama, como de
costumbre.
Estoy
escribiendo esto, porque la versión más sana de mí me dice que escuchó por ahí
que escribir las cosas ayuda. Ponele. Supongo que es mejor que golpear la pared
(eso me dijo un conocido con una mano enyesada), y que gritar hasta que me
vengan a buscar los simpáticos señores de las camisas blancas no es una opción
copada.
La sensación
antinatural es lo más difícil. Supongo que cuando hablan de extremidades
fantasma debe ser así. La pierna ya no la tenés, hace rato que no la tenés,
pero a la mañana no te acordás, y te vas a parar como siempre. Y no. La sentís,
te duele incluso. Pero ahí no está, y punto.
Con el
correr de los días, se intensifica. Eso de que el tiempo todo lo cura son
patrañas asquerosas. De hecho, más tiempo pasa, más bronca te da que no se te
note por ningún lado, salvo en las arrugas poco felices de la cara y en los
aumentos en la boleta del gas. La ausencia sigue ahí, instaladita, chocha y sin
cara de mudarse pronto, como esos parientes lejanos que caen “de visita” y a la
semana te abren la heladera a medianoche, en calzones.
Cuando algo
te sobra, lo tirás, te deshacés de ello. El novio está pesado? Chau, lo hiciste
ex. Al mueble ese que te rompe los meñiques de los pies cada vez que pasas, lo
terminás sacando a la vereda o se lo encajás a alguien, con la excusa de que
tenés poco espacio. Los papeles de la secundaria los quemás, el apéndice te lo
sacás. Y cuando falta? Qué mierda hago si me falta?!
Y no es que
me falte ahora. La verdadera cagada,
la cagada mayor, la reina de las cagadas, es que tengo todo el resto de mi vida
para que me siga faltando. Y no hay
nada, nada en el universo, que vaya a llenar ese hueco.
Podría darme
por las drogas, por las relaciones parásitas (no de nuevo, gritan mis cadáveres desde el placard. No se preocupen, ya no lo hago más,
respondo), por dedicarme a comer chocolates hasta que necesiten instalar una
puerta redonda para que mi pobre humanidad ruede hasta la vereda a ver un poco
de sol, o por volverme La Loca de los Gatos y llenar mi casa con 42 felinos
adorables (esta es la más tentadora). Pero sé que es BIEN al pedo.
La cagada es
la sensación. Como dice Laura Brown sobre el final de The Hours;
“Obviously, you... feel unworthy. Gives you feelings
of unworthiness. You survive and they don't.”
Dicen que la
vida es un regalo. Yo no lo pedí, ninguno lo hizo, pero nos lo fumamos igual.
Loco, la próxima, mínimo le dejan la etiqueta, a ver si consigo que me la
cambien un poco, o me dejen canjear parte por un voucher de regalo para alguien
más.
Las noches
se volvieron mi mayor relación amor-odio. No me quiero ir a dormir. Nunca.
Nunca más. Pero tarde o temprano tengo qué. Y sueño, y no controlo lo que
sueño. Al principio eran puros horrores. Reproducciones HD de las peores cosas
que me tocó ver, y de las que imaginé también. Y en un loop constante. Creí que
así iba a ser toda mi vida, cada vez que cerrara los ojos. Por suerte no (igual
no duró lo que diríamos poco, eh?). Pero dejó lugar a un nuevo tipo de horror.
Cuando duermo, no pasó nada. No cambió nada. No perdí a nadie. Está ahí,
charlamos, le cuento las cosas de ayer. Suena lindo, no? Sí, todo muy lindo, hasta que me despierto. Los primeros
segundos de somnolencia son apenas dispersados por el ruido de la alarma, o por
cualquier otra cosa. Porque sí, parece que las noches de dormir profundo se
terminaron para mí. Después vuelve la conciencia, y no es que me acuerdo de lo
que soñé… me acuerdo que la realidad no
es el sueño. Me acuerdo que tengo que volver a esto. Camarero, otra ronda de sensaciones fantasmas para mí! Se ve
que el saco de pena y huesos que soy merece otra dosis de lo mismo hoy, no sea
cosa que se pueda levantar de la cama como un ser humano normal y tener un sólo
día decente. Y así volvemos al ciclo: no quiero volver a dormir en mi puta
vida.
Les hablé de
la impotencia? No, no?
Cuando a uno
no le paso nada grave (grave grave, choto en serio, no tu uña rota, gorda, ya
te dije que no cuenta), va por la vida con una ligereza que no sabe que tiene.
No digo que la vida sea fácil, porque la mía bien que no lo era antes. Pero se es como el pez, que vive
nadando y no sabe qué es el agua. Hasta que le falta, obvio.
Como dice el
pibe de la banda esta que de golpe se hizo re mainstream, Passenger;
“Well you only need the
light when it's burning low
Only miss the sun when it
starts to snow
Only know you love her when
you let her go
Only know you've been high
when you're feeling low
Only hate the road when
you’re missin' home
Only know you love her when
you let her go
And you let her go
Staring at the bottom of
your glass
Hoping one day you'll make a
dream last
But dreams come slow and
they go so fast
You see her when you close
your eyes
Maybe one day you'll
understand why
Everything you touch surely
dies”
Y sí,
justito así. Salvo que la parte de dejar ir me sale como el culo. Detalles.
Pero yo
hablaba de la impotencia. Esa sensación de que tiene que haber algo en el
universo que hubieras podido hacer para que las cosas fueran diferentes.
Cuando me
pongo lógica, me doy perfecta cuenta. De que no había lo qué, que diferente
bien podía ser peor, que no tenía yo con qué ni lo iba a tener en mil vidas. A
la hora de sentirse impotente, importa un cuerno todo eso. Te sentís miserable
y punto. Querés magia o nada, y magia no hay.
Lo pasas
como el culo. Pero me dirán que no se puede pasarlo como el culo todo el
tiempo. Saben qué? Se puede. En todo caso, de a ratos, uno se olvida un poco de
cuán como el culo está. Jamás como antes, obvio. Ya somos pez fuera del agua, y
no hay con qué darle. Y eso te aleja de los demás. La risa ya es a medias, las
boludeces no te causan como antes, la vida sabe vacía, los colores grises y
otros clichés patéticos para decir lo mismo.
No digo que
la gente (pongamos que existe el colectivo gente,
por un rato, a fines prácticos) sea mal intencionada. Pero más tratan, más la
embarran. Podría escribir un decálogo de fases de mierda que tratan de ser
consuelo o ayuda, y por qué cada una es una palada más de bosta. Aquí sólo un par de ejemplos.
- Está en un lugar mejor…
Que esto es una cagada ya lo noté, pero lugar mejor?
Really? No podés pensar algo más enlatado, más prostituído que esa frase? Qué
consuelo me va a dar a mí, que estoy sufiendo acá? Y si yo no creo en cielos o
infiernos? Eh?? Su lugar era acá, con sus seres queridos. Lo demás es chamuyo,
y sino, ya me enteraré, pero ahora me sirve de nada.
- Es el plan de Dios / ya
habría cumplido su misión en la tierra
Esta es de las peores cagadas que me han dicho. Y me
la repiten seguido, por si las dudas. Pongamos que creo en Dios de la manera
judeocristiana tradicional. Si asumo que Dios es omnipotente y bueno, las
desgracias como estas no existirían (ergo, no es la situación). Si es omnipotente
y justo, es un hijo de puta. Me quedo con justo y bueno, y de omnipotente nada:
él tampoco pudo hacer nada, y siente mi misma impotencia y bronca. De cualquier
otra manera, Dios esta en mi contra y no conmigo y mi dolor. Y de hecho, si es
su puto plan, me tendría que sentir culpable de estar triste. Ja! Alta joda. Dejá,
no me consueles más. Gracias Kushner por hacerme ver por qué esto me jodía
tanto.
- Ya no sufre…
Perdón! No sabía que tenía que sentirme una yegua
porque mi pena sea egoísta y quiera que mis seres queridos vivan en agonía
eternamente. Gracias, me quedo más tranquila ahora. Me voy a flagelar un rato y
vuelvo. O no.
Concluyendo,
cuando alguien sufre, mejor pensar bien qué vamos a decirle o aprendemos a
callarnos la boca. Primero, porque al final sirve que hayan estado ahí, no lo
que hayan dicho. Y segundo, es mejor armarse de paciencia antes que hacer
sentir al otro que su “problemita” tiene “solución” y que mejor se la
encontramos rápido para seguir con todo lo demás, que bien banal le va a
resultar ahora, si te parás un poquitito a pensarlo. Y que encima es un boludo
por sentirse mal.
Ya sé que
estoy parafraseando a otra gente hace rato. A algunos tuve la decencia de
citarlos. A otros los adapté a mi manera. Otra consecuencia poco difundida son
las somatizaciones. Y a veces son menos obvias de lo que creemos.
Yo me siento
sin voz. Es como que se me apagó algo, y no arranca. No es que esté muda.
Hablo, a veces hasta canturreo bajito sin darme cuenta, o me despierta en la
noche alguno de mis propios gritos. Pero no logro hablar con mi voz. No logro decir lo que quiero
decir, con mis propias palabras. Es como uno de esos miedos que atenaza y
paraliza.Yo lo siento en la
garganta, en el pecho, en el alma. Es el miedo a abrir la boca, y no poder
parar, nunca más. A empezar a llorar, y que el resto de mi vida sea sólo
llorar. Es la sensación de desborde total, y si abro la compuerta sólo un
poquito, sale todo, incontrolable, feroz, a llevarse puesto todo de mí. Es una
caja de Pandora que crece y duele, y que me aterra abrir. Psé, re poético. De
poco me sirve.
Así que me
robo voces ajenas. Cuando ya no puedo más, busco una canción, una poesía, una
película que me haga llorar un poco. Y sí, acá hay varias de esas.
Creo que me
voy a ver The Hours otra vez. Siempre funciona.
Les regalo
una frase más, de la pluma de la propia Virginia Woolf, instantes después de
decidir terminar con su vida.
“To look life in the face,
always, to look life in the face and to know it for what it is. At last to know
it, to love it for what it is, and then, to put it away.”
Así que
supongo que es esto. Que la vida es esto, y antes, en mi ignorancia de pez, no
lo sabía. Ojalá sean ignorantes todas sus vidas.
Y si no, no
están solos.
No hagamos
la de Virginia. Matarse es cobarde, y es esparcir esta sensación asquerosa como
una enfermedad, contagiando a todos los que dejamos atrás.
Es esto. La
vida es esto. Es lo que nos pasa entre medio de esto, es esos ratos en que nos
olvidamos de esto. Es esa gente que pese a todo nos saca una sonrisa. Es la
esperanza de que cada vez nos olvidemos de la ausencia (nunca del ausente) un
rato más que el anterior, y algún día, los ratos lindos duren más que estos. Es
valorar la vida por lo que es, aceptarla por lo que es, conocerla, afrontarla,
y después… hacerla a un lado.
Ojalá la próxima amnesia, por el aniversario de ese día de mierda, me caiga mejor la próxima vez.
Y me acordé de este video, para que sufran conmigo.
Nada sabe como los años de mi infancia en el campo, como las arvejas hervidas. No esos horrores de lata que como ahora. No esas vainas de verdulería con cara de tristes y marchitas. Las arvejas de verdad, son otra cosa. Era pequeña, y el mundo era un paraíso plagado de maravillas y misterios. Y en ese mundo, mi mamá era la Sabia Hechicera. - Ma, por qué las mariposas se paran en las flores? - Ma, de dónde vienen las libélulas? - Ma, por qué se marchita el maíz y madura el choclo? - Ma, por qué las gallinas duermen paradas? - Ma, por qué saltan las liebres? - Ma, por qué los pollitos salen de un huevo? - Ma, por qué hay que lavar las verduras? Y las manos? Por qué me tengo que lavar las manos? Mi mamá tenía todas las respuestas. Cocinaba, cosechaba, prendía el horno de barro, y me explicaba el mundo. Me enseñaba a pastorear a las gallinas, a respetar a las ranitas arborícolas, a no tenerle miedo a las abejas. A no caerme de la higuera cuando subíamos a por esos higos morados, y a bajar los más altos con un palito con un gancho de alambre en un extremo que le fabricamos. A devolver a los pichones chiquititos a sus nidos, a cortar sólo los tomates más rojos de las plantas. A salvar a las palomas encerradas en los invernaderos gigantes, a no cortarle los bigotes al gato, a no tocar las ortigas, a saludar a todo el mundo sin hacer diferencias. La Hechicera me curaba cuando me raspaba, me quemaba o me lastimaba (cosa que sucedía bastante seguido), pero no me retaba cuando volvía cubierta de barro de pies a cabeza y con el pelo hecho un nudo. Recibía mis tortitas de tierra y flores como la ofrenda que eran, y ponía, muy tranquila, todo a lavar. Me explicó por qué salía agua de la bomba esa del patio, la de la manija grande de hierro. Y por qué sonaban en mi pieza las gotitas de agua en las hojas de la parra. A buscar los huevos del gallinero, a cuidar a los patitos (sobretodo, de mis propias hermanas). Una tarde, me enseño lo de las arvejas. Que en esas vainas feas, había maravillas escondidas. A pelarlas una por una, a poner las semillas gordas y verdes en un jarrito, y a hervirlas hasta que estuvieran más verdes aún. Eran lo más rico del mundo. Ir a la hilera a buscar las arvejas a su planta, eran la mejor búsqueda del tesoro que pudiera pedir. Y prepararlas, era como hacer una poción mágica. Vivir en el campo marcó para siempre mi amor y respeto por todo lo animal y vegetal. Y también, por el resto del mundo. Teníamos empleados en el campo, como todos. Y yo era muy chica para saberlo, pero no éramos como todos. Jugábamos con los hijos de los empleados todas las tardes. Así aprendí a saltar la soga, a jugar a la rayuela, a tallar calabazas, a juntar frutillas del campo del vecino. Mamá me explicó un día que "bolita" no era la bolita de jugar; era un insulto, y estaba muy mal decirlo así. Yo no entendía por qué otros chicos les decían palabras relacionadas con su ascendencia como si fueran un insulto, ni por qué no jugaban con nosotros. La hija de los empleados de otro campo, era sorda. Yo la invitaba a merendar, y jugábamos igual. Aprendí algo de lengua de señas de una tía de ella, que a veces oficiaba de traductora, y así, como podíamos, nos comunicábamos. Nunca se me ocurrió que en ese entonces, yo era su única amiga. Yo creo que en ese campo me formé como persona, al menos en las cosas más importantes. Aprendí a distinguir aves, plantas, verduras, y personas. A separar los tomates por color, y a las personas, por calidad humana, que nada tenía que ver con todo lo demás. No tengo receta para las arvejas. Y si la tuviera, no serviría de nada. Habría que ir al campo, cosecharlas con las propias manos, para que sepan igual. Además, sin la magia que ponía mi Hechicera en el agua, no creo que salgan tan ricas.