Nada sabe como los años de mi infancia en el campo, como las arvejas hervidas.
No esos horrores de lata que como ahora. No esas vainas de verdulería con cara de tristes y marchitas.
Las arvejas de verdad, son otra cosa.
Era pequeña, y el mundo era un paraíso plagado de maravillas y misterios. Y en ese mundo, mi mamá era la Sabia Hechicera.
- Ma, por qué las mariposas se paran en las flores?
- Ma, de dónde vienen las libélulas?
- Ma, por qué se marchita el maíz y madura el choclo?
- Ma, por qué las gallinas duermen paradas?
- Ma, por qué saltan las liebres?
- Ma, por qué los pollitos salen de un huevo?
- Ma, por qué hay que lavar las verduras? Y las manos? Por qué me tengo que lavar las manos?
Mi mamá tenía todas las respuestas. Cocinaba, cosechaba, prendía el horno de barro, y me explicaba el mundo. Me enseñaba a pastorear a las gallinas, a respetar a las ranitas arborícolas, a no tenerle miedo a las abejas. A no caerme de la higuera cuando subíamos a por esos higos morados, y a bajar los más altos con un palito con un gancho de alambre en un extremo que le fabricamos. A devolver a los pichones chiquititos a sus nidos, a cortar sólo los tomates más rojos de las plantas. A salvar a las palomas encerradas en los invernaderos gigantes, a no cortarle los bigotes al gato, a no tocar las ortigas, a saludar a todo el mundo sin hacer diferencias.
La Hechicera me curaba cuando me raspaba, me quemaba o me lastimaba (cosa que sucedía bastante seguido), pero no me retaba cuando volvía cubierta de barro de pies a cabeza y con el pelo hecho un nudo. Recibía mis tortitas de tierra y flores como la ofrenda que eran, y ponía, muy tranquila, todo a lavar.
Me explicó por qué salía agua de la bomba esa del patio, la de la manija grande de hierro. Y por qué sonaban en mi pieza las gotitas de agua en las hojas de la parra. A buscar los huevos del gallinero, a cuidar a los patitos (sobretodo, de mis propias hermanas).
Una tarde, me enseño lo de las arvejas. Que en esas vainas feas, había maravillas escondidas. A pelarlas una por una, a poner las semillas gordas y verdes en un jarrito, y a hervirlas hasta que estuvieran más verdes aún. Eran lo más rico del mundo. Ir a la hilera a buscar las arvejas a su planta, eran la mejor búsqueda del tesoro que pudiera pedir. Y prepararlas, era como hacer una poción mágica.
Vivir en el campo marcó para siempre mi amor y respeto por todo lo animal y vegetal. Y también, por el resto del mundo.
Teníamos empleados en el campo, como todos. Y yo era muy chica para saberlo, pero no éramos como todos. Jugábamos con los hijos de los empleados todas las tardes. Así aprendí a saltar la soga, a jugar a la rayuela, a tallar calabazas, a juntar frutillas del campo del vecino. Mamá me explicó un día que "bolita" no era la bolita de jugar; era un insulto, y estaba muy mal decirlo así. Yo no entendía por qué otros chicos les decían palabras relacionadas con su ascendencia como si fueran un insulto, ni por qué no jugaban con nosotros.
La hija de los empleados de otro campo, era sorda. Yo la invitaba a merendar, y jugábamos igual. Aprendí algo de lengua de señas de una tía de ella, que a veces oficiaba de traductora, y así, como podíamos, nos comunicábamos. Nunca se me ocurrió que en ese entonces, yo era su única amiga.
Yo creo que en ese campo me formé como persona, al menos en las cosas más importantes.
Aprendí a distinguir aves, plantas, verduras, y personas. A separar los tomates por color, y a las personas, por calidad humana, que nada tenía que ver con todo lo demás.
No tengo receta para las arvejas. Y si la tuviera, no serviría de nada. Habría que ir al campo, cosecharlas con las propias manos, para que sepan igual.
Además, sin la magia que ponía mi Hechicera en el agua, no creo que salgan tan ricas.
Las arvejas sí son mágicas.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Escrito por
Jouls Dalloway
en
lunes, septiembre 15, 2014
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2 comentarios:
Maravilloso!
Recordé a mi padre contándome infinidades de veces que no le gustaba el sol porque recogiendo aLverjas cuando era pequeño se insoló. Llegó la magia también en mi recuerdo. Gracias!!!!
Gracias Jules!!!! Esas cosas que se van viviendo sin saber hasta dónde marcan la memoria y los sentimientos... <3
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